La británica se consagra en una gala para el recuerdo de la cantante fallecida el sábado
Los Foo Fighters fueron los otros triunfadores de la ceremonia
El Staples Center fue también testigo del retorno de los Beach Boys a los escenarios
AnteriorSiguiente
Adele, con uno de los premios Grammy que ha conseguido. / Robyn Beck (Afp) | Video: Atlas

Whitney Houston, en el recuerdo. / Mario Anzuoni (Reuters)

Taylor Swift, la nueva reina del country. / Lucy Nicholson (Reuters)

El regreso de The Beach Boys. / Mario Anzuoni (Reuters)

Bruce Springsteen, el encargado de abrir los fastos. / Robyn Beck (Afp)
Una estrella diferente
Los seis Grammy suponen la culminación del ascenso de Adele, que empezó hace un año con la salida de su segundo disco, '21'. Nacida en Londres de una madre soltera adolescente, Adele Adkins publicó en 2008 su debut, '19' (su edad), en un sello indie, y ya convenció con su voz y su fuerte personalidad. Etiquetada como una cantante de neosoul en la estela de Amy Winehouse, Adele ha demostrado con '21' -otra vez la edad a lo que grabó- que es mucho más que un clon cazatendencias: coautora de todas sus canciones, funciona bien tanto en el soul-pop que en su país llaman "soul de ojos azules” como en tormentosas baladas de raíces country, inspiradas por la ruptura con su primer gran amor, un hombre diez años mayor.
Pero no son sólo sus aptitudes musicales las que la han encumbrado. También tiene que ver su actitud, pues en una escena musical dominada por el espectáculo bombástico y las propuestas abiertamente sexuales (Lady Gaga, Rihanna, Katy Perry), Adele responde a otro canon estético, el de una cantante clásica que no muestra carne ni actúa rodeada de grandes montajes. Por eso sorprenden superficiales declaraciones como las del diseñador de moda Karl Lagerfeld, que la semana pasada dijo que la británica estaba “un poco demasiado gorda”. “Nunca he querido parecerme a las modelos de las revistas. Represento a la mayoría de las mujeres y estoy orgullosa de ello”, respondió Adele, que ya en una entrevista con la revista Rolling Stone habló de ese tema, por el que raramente se pregunta a los cantantes masculinos: “Mi vida ya tiene suficiente drama como para preocuparme por mi aspecto. No me gusta ir al gimnasio. Me gusta comer bien y beber buen vino. Incluso si tuviera un cuerpo maravilloso tampoco creo que enseñara las tetas y el culo”.
El futuro es de esta mujer de ideas claras, aunque habrá que esperar a su tercer disco, pues este 2012 se lo va a tomar de descanso. Por ahora, queda disfrutar de sus dos álbumes y de un DVD, Live at the Royal Albert Hall, en el que muestra su talento en directo
Los Grammy de 1986 pudieron ser los de Whitney Houston. Nominada a cuatro premios, ganó solo uno y tuvo que esperar al éxito de 'El guardaespaldas', en 1994, para embolsarse el de mejor álbum y mejor grabación. En 1986 Houston cumplía 23 años, los mismos que tiene ahora Adele, triunfadora absoluta de la edición de 2012, en la que se llevó los seis galardones para los que estaba nominada, incluidos los tres grandes: canción y grabación del año (ambos por 'Rolling in the Deep') y álbum del año, por su segundo trabajo, '21'.
La fiesta de la industria musical, una explosión de glamour, escenarios propios de Las Vegas y actuaciones especiales, se había visto ensombrecida por la inesperada muerte, la noche anterior, de Whitney Houston. El rapero LL Cool J, maestro de ceremonias, encabezó una oración colectiva por la diva del soul y Jennifer Hudson interpretó 'I Will Always Love You', la canción que Houston convirtió en éxito global. También los padres de Amy Winehouse, que recogían el gramófono dorado al mejor dúo por su colaboración con Tony Bennett, hicieron referencia a Houston: "Larga vida a Whitney Houston. Larga vida a Amy Winehouse. Larga vida a Etta James. Hay un bonito grupo de chicas arriba en el cielo", dijo Mitch Winehouse.
Pero la noche, estaba cantado, pertenecía a Adele, la joven británica que arrasó el año pasado con '21', un inesperado éxito de crítica y ventas, con cifras que remiten a la edad dorada pre-piratería: en el mundo ronda los 18 millones de copias vendidas, de las cuales en España ha despachado 125.000. 2011 estaba llamado a ser el año de Lady Gaga, pero la ambiciosa neoyorquina tuvo que ceder el trono a Adele, también en los premios (Gaga no se llevó ninguno de los tres a los que estaba nominada).
La del domingo era además la fecha de la reaparición de Adele, que en octubre pasado tuvo que cancelar sus conciertos por problemas en las cuerdas vocales. Tras haberse sometido a microcirugía, demostró en su actuación de los Grammy, con una brillante 'Rolling in the Deep', que esa prodigiosa voz sigue intacta. Espontánea y emocionada, Adele habló entre risas y lágrimas de la "relación basura" que había inspirado '21' y de cómo este disco le ha cambiado la vida.
El regreso de los Beach Boys
Otra vuelta a los escenarios, la de los Beach Boys por su 50 aniversario como grupo, quedó un tanto deslucida, tanto por el protagonismo de otros asuntos (Adele, Houston) como por la sosa compañía que les tocó en su actuación, Maroon 5 y Foster the People. Pero era una ocasión histórica: todos los supervivientes de la banda juntos tras décadas de desencuentros.
Wasting Light, el potente último disco de Foo Fighters, tampoco pasó desapercibido para la Academia de las Ciencias y las Artes de la Grabación (NARAS en sus siglas inglesas), que premió al grupo de Dave Grohl con cuatro gramófonos -todos los de la categoría de rock y rock duro- más uno por el documental Back and Forth.
En otros géneros también hubo ganadores claros. Kanye West, que no acudió a la ceremonia, fue premiado con los cuatro de hip-hop, el DJ de dubstep Skrillex con los tres de electrónica y Bon Iver con los de mejor disco alternativo y artista revelación (pese a que su álbum homónimo ya es el segundo). Justin Vernon, alma de Bon Iver, provocó una de las polémicas de este año al negarse a actuar en colaboración con otro artista: "Queríamos tocar nuestra música, pero nos dijeron que no podíamos, teníamos que colaborar con alguien. Les contestamos más o menos que les dieran un poco por saco", había declarado Vernon la semana pasada. La noche de los premios, acariciando sus dos gramófonos dorados, un feliz Vernon no quiso hacer más sangre con el tema.
Otro asunto controvertido que amenazó el glamour de esta entrega fue el de la reestructuración de los premios. Este año se reducía el número de galardones desde 109 a 78, eliminando categorías minoritarias como las de música hawaiana, blues tradicional o jazz latino. Los artistas de este último género, que sin los Grammy pierden un importante foco de promoción, han reunido alrededor de 20.000 firmas contra esta reestructuración y el domingo convocaron una manifestación a las puertas del recinto, el Staples Center de Los Ángeles, con pancartas en inglés y castellano ("Que viva la diversidad").
Pero ni las polémicas ni la trágica muerte de una gran estrella consiguieron enturbiar una ceremonia de alto nivel en sus actuaciones, ya fueran de artistas noveles (la rapera Nick Minaj) o veteranos, entre los que hay que destacar a Brue Springsteen y Paul McCartney, que salieron por separado para luego volver juntos -y con Dave Grohl- a hacer un medley de canciones de los Beatles.