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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

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Cuando se conmemora el 170 aniversario del invento de la fotografía, oficialmente aceptada por la Academia de las Ciencias de París, sigue vigente la discusión sobre la veracidad o no de la fotografía Muerte de un miliciano de Robert Capa, que se convirtió en el icono principal de nuestra Guerra Civil.
Desde su invención, la fotografía ha conocido un largo recorrido tanto técnico como temático, supeditado este segundo recorrido al primero, porque al principio la novedad de la fotografía fue la perfección de su imagen considerada como el dibujo perfecto y el dominio del espacio a través del encuadre de la cámara. Décadas más tarde la evolución técnica permitió acortar los tiempos de exposición hasta dominar el tiempo por medio de la instantánea, evolución que revolucionó la información cuando apareció la fotografía de prensa y se convirtió en el testimonio veraz que avalaba al texto de la noticia. La Guerra Civil española está considerada como la primera guerra fotográfica aunque, anteriormente, la Guerra de Secesión americana también fue fotografiada, pero sus imágenes se publicaban en la prensa como grabados y no como fotografías.
Es en este contexto, como primera guerra fotográfica, donde tenemos que valorar la fotografía Muerte de un miliciano de Robert Capa, cuando todavía el público lector no estaba formado visualmente por falta de experiencia, ni tampoco los editores de las revistas ilustradas conocían las consecuencias informativas de la fotografía de prensa. Fotografía de prensa, éste es el contexto desde el que tenemos que valorar la importancia que tiene una fotografía falsa cuando se publica en un periódico o revista como si fuera verdadera. Como dijo Susan Sontag: un cuadro falso falsifica la Historia del Arte pero una fotografía falsa falsifica la Realidad.
A partir de esta reflexión de Susan Sontag ya no podemos argumentar que da lo mismo que la fotografía de Robert Capa sea verdadera o falsa. Supongamos que en un reportaje descubrimos que el texto del mismo, no así las fotografías, es fruto de la imaginación del redactor firmante, es decir, que no es información periodística sino literatura. No tendríamos ninguna duda en calificar de falsario, de fabulador, al redactor, sobre todo si nos cuenta como cierta la muerte de un miliciano en el campo de batalla que no se ha producido; pues este mismo argumento sirve para valorar la foto Muerte de un miliciano de Robert Capa.
Hasta el mes de junio la versión oficial del International Center of Photography y de la Agencia Magnum era que la fotografía de Robert Capa se había producido el 5 de septiembre de 1936 en Cerro Muriano (Córdoba), el miliciano se llamaba Federico Borrell García, la cámara utilizada era una Leica y la fotografía era verdadera. A partir de la investigación que realicé sobre esta fotografía sabemos que no fue sacada en Cerro Muriano sino en Espejo, localidad de la campiña cordobesa que dista 40 kilómetros de la primera. También sabemos que la fotografía no se realizó el 5 de septiembre sino en fecha anterior, así como que durante esos días en Espejo no se disparó ningún tiro. También sabemos que Federico Borrell García murió el 5 de septiembre en Cerro Muriano porque su amigo E. Borrell Fenollar escribió un artículo en la revista anarquista Ruta Confederal, noviembre de 1937, donde describe la muerte de su amigo detrás de un árbol en Cerro Muriano. Con esta prueba documental ya podemos afirmar que si Federico Borrell García murió en Cerro Muriano y la foto fue sacada días antes en un pueblo que estaba a 40 kilómetros de distancia, el miliciano que aparece en la foto no es Federico Borrell García sino otro miliciano, probablemente también de Alcoy, que estaba destacado en Espejo.
La importancia de esta información se debe a que la versión oficial del I.C.P. y de la Agencia Magnum basaba toda la veracidad de la fotografía de Robert Capa en la identidad del miliciano, algo inaudito, porque aunque el miliciano fuera Federico Borrell García también pudo haber escenificado su muerte ante la cámara de Robert Capa momentos antes de morir; en una palabra, la identidad del miliciano como prueba de la autenticidad de la fotografía es una prueba falsa y ambas instituciones lo sabían. ¡Quién mejor que la propia Agencia Magnum! ¿Porqué han ocultado durante todo este tiempo el artículo escrito por el amigo de Federico Borrell García?
Ahora que se ha descubierto el pastel, el International Center of Photography admite que la localización de la fotografía no es Cerro Muriano, sino Espejo, y también admite que el miliciano probablemente no sea Federico Borrell García. Mis otros argumentos sobre la cámara, que no fue con la Leica sino con la Rolleiflex, y que no se trata de una instantánea espontánea sino de una instantánea escenificada, todavía no los aceptan, pero tampoco argumentan para defender parte de su versión oficial. La Agencia Magnum guarda silencio, un silencio sospechoso.
Ahora es el momento de pedir responsabilidades a ambas instituciones, sobre todo cuando se han dedicado a descalificar a todo aquel que osara poner en duda su versión. El más vilipendiado fue el periodista O. D. Gallagher, antiguo corresponsal del Daily Express, cuando en una entrevista muchos años después comentó, mezclando con otros episodios acaecidos en Hendaya pero como consecuencia de su avanzada edad, que Capa se quejó a los oficiales republicanos porque no podía hacer ninguna fotografía, y fue cuando un oficial escogió a varios milicianos para simular unas maniobras.
La simulación de unas maniobras fue la circunstancia en la que Robert Capa sacó su famosa fotografía y la simulación fue plena y no, como siguen defendiendo en el I.C.P., que mientras estaban haciendo las simulaciones una bala perdida mató al miliciano. También hay quien defiende la teoría del francotirador, totalmente improbable porque no existe documentación alguna sobre esta práctica militar en la Guerra Civil. Pero sea una teoría u otra, lo cierto es que ninguna hace mención a los otros cuatro milicianos muertos que están documentados en las fotos de Robert Capa en el mismo campo de rastrojos, y menos mención se hace al miliciano que no solamente comparte el campo de rastrojos del famoso miliciano sino también el mismo encuadre.
Resumiendo, la fotografía de Robert Capa es una estafa informativa y si hubiera ocurrido a día de hoy, Robert Capa habría sido expulsado de la Agencia Magnum. Aunque también es cierto que se habría perdido un buen reportero, porque antes y después de la famosa fotografía, Robert Capa hizo fotografías de prensa excelentes.

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