Jueves, 2 de agosto de 2007
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Politica
Uriarte culpa a ETA y a la pugna entre partidos de la actual decepción ciudadana
Responsabiliza a los políticos de crear una distancia creciente con el pueblo Pide el respeto de los derechos incluso del que tiene «manchadas las manos»
Uriarte culpa a ETA y a la pugna entre  partidos de la actual decepción ciudadana
Ibarretxe estrecha la mano de Uriarte durante la homilía de ayer en Azpeitia. [JOSE MARI LÓPEZ]
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LAS FRASES
JUAN MARÍA URIARTE

Obispo de San Sebastián

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AZPEITIA. DV. El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, hizo ayer una fuerte crítica ante «la grave decepción» que a su juicio vive la sociedad vasca, y que atribuyó, además de a la vuelta de ETA a las armas, a «la desconfianza y las invectivas continuas entre los diferentes partidos políticos».

Uriarte realizó estas declaraciones ayer durante la homilía que celebró en la basílica de Loiola, en Azpeitia, ante la presencia del lehendakari, Juan José Ibarretxe, además de otros miembros del Gobierno Vasco y la Diputación General de Gipuzkoa.

El obispo de San Sebastián atribuyó este estado de decepción de la «gran mayoría de este pueblo que ha visto desfallecer paso a paso una acariciada expectativa de paz», a la ruptura de la tregua por parte de ETA y a «la distancia creciente, existente entre el pueblo y sus representantes políticos, y a las invectivas de éstos últimos».

Monseñor Uriarte quiso destacar su preocupación ante el «sufrimiento provocado por esta inacabable confrontación con las víctimas, los amenazados, los presos, y los exiliados», ante lo que se pregunto «cuando de una santa vez todos los ciudadanos podrán, en santa paz, gozar de sus derechos cívicos».

Estas palabras de Uriarte son muy similares a las realizadas el pasado martes durante otra homilía, donde el obispo recomendó a la sociedad combatir con fe «esta decepción ante una paz que no llega». Asimismo, ayer subrayó que esta esperanza debe ir de la mano de la ética, que exige, entre otros requisitos, que «la violencia que mata, hiere y provoca miedo quede enterrada desde ahora y para siempre». En este contexto, insistió en que «nadie tiene derecho a someter a otro a la amenaza de su vida, de su integridad, de su seguridad» y que «este pueblo no quiere ni necesita tutelas de nadie para ser él mismo», por lo que «quien no lo reconoce ni lo manifiesta pierde autoridad moral para denunciar otras injusticias».

Bien común

Además, Uriarte señaló que la finalidad que justifica la existencia de partidos e instituciones públicas consiste «no en su autoconservación o en su robustecimiento, sino en su aportación al bien común». Por eso, añadió, «producen desilusión y frustración tantas operaciones al parecer incoherentes con la voluntad popular y con frecuencia encaminadas, según los indicios, al propio fortalecimiento y al debilitamiento del adversario». «Comprendo -continuó- que la política no sea una batalla de flores, pero tampoco un intercambio de arcabuces en forma de improperios».

Asimismo, reclamó respeto a los derechos personales «intangibles» que persisten incluso en aquellos que «tienen sus manos manchadas por las más graves acciones delictivas». En este sentido, advirtió de que «ni el oportunismo político ni el temor a la opinión pública ni cualquier consideración utilitaria y calculadora ni siquiera las mismas leyes autorizan la violación de derechos».

Por otro lado, opinó que la esperanza y la ética deben ir acompañadas por «un sólido sentimiento de pertenecer a la misma comunidad». «Somos un solo pueblo plural. Los bienes que tenemos en común son más amplios que las legítimas particularidades de cada uno de los grupos. El sentimiento de pertenencia es el resultado natural de nuestro patrimonio común. Tal sentimiento nos lleva a respetar todas las legítimas tradiciones. El respeto habrá de abrirse a la colaboración entre unos y otros ciudadanos», dijo.

En esta línea, indicó que esta «pertenencia común» debería plasmarse en una actitud empática con el sufrimiento de todos y criticó que «obsesionados por nuestros problemas personales o familiares o sumidos en la superficialidad o el egocentrismo, podemos pasar del sufrimiento generado por tantos años de confrontación» o «ser extremadamente sensibles al sufrimiento de los nuestros y apáticamente indiferentes al sufrimiento de los otros».

 
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