Domingo, 15 de julio de 2007
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ECONOMÍA
Los estados del Este recuperan terreno
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En el mes de julio de 1990, la población de la antigua Alemania comunista recibió un regalo de la vecina República Federal de Alemania. Gracias a una decisión personal de Helmut Kohl, se puso en marcha la reforma económica y monetaria que introdujo el poderoso marco occidental a la economía de la ex RDA a un cambio de 1 por 1. El resultado, tal como se lo había advertido el entonces presidente del Bundesbank, Kart Otto Pöhl, provocó el colapso de la infraestructura económica de la Alemania comunista.

Nadie duda en Alemania y en Europa de que Kohl tiene asegurado un capítulo en la historia de su país, al lado de Adenauer y de Willy Brandt, pero es un capítulo que todavía no ha terminado de escribirse a causa de una interrogante inquietante: ¿cuál será el precio final de la unificación? Después de la reunificación, la antigua República Federal de Alemania, además de acabar con la economía comunista, tuvo que asumir los costos del paro y la jubilación de cientos de miles de nuevos compatriotas que nunca habían ingresado un centavo en las cajas de la seguridad social, un lastre enorme que le quitó dinamismo y fuerza a la locomotora de Europa.

«La unificación fue, desde un punto de vista político, histórico, cultural y de seguridad, una ganancia, pero desde un punto de vista económico, además de un mal negocio, fue un desastre», concluyó el periodista Gabor Steingart, en su libro, Deutschland: der Abstieg eines Superstars, donde describe el declive de la primera potencia económica de Europa que se aceleró en la última década del siglo pasado. «Hoy sabemos que Kohl es responsable de la unidad alemana y, desde entonces, del acelerado declive del país».

Diecisiete años después, el panorama que ofrecen los cinco nuevos estados alemanes es otro. Después de soportar una larga travesía por el desierto, el este de Alemania comienza a mostrar, tal como lo vaticinó Kohl, paisajes florecientes.

Aunque la tasa del paro en los cinco nuevos estados federados alcanza el 14,7%, casi el doble que en el resto del país, por primera vez las estadísticas muestran que algo esta cambiando para bien en la vieja Alemania comunista.

El Este, gracias a una semana laboral más larga que en Occidente, salarios más bajos, mano de obra altamente cualificada y una infraestructura moderna se está convirtiendo en un poderoso imán para los inversores alemanes. Además, los salarios han aumentado en países como Polonia, Eslovaquia y la República Checa, que se habían convertido en atractivas plazas para la industria germana.

 
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