Inopinadamente, porque la muerte no admite opiniones, ha fallecido Gonzalo Sánchez, el amigo del arte, el galerista donostiarra que, contra todo inconveniente, y a favor de la modernidad, supo construir en San Sebastián una ventana, un respiratorio de las ideas nuevas durante casi un cuarto de siglo. Gonzalo Sánchez, director de Galería 16, ha sido el inventor de una manera, muy poco espectacular, pero efectiva, de exponer el arte, que no es sólo un acto comercial, sino, fundamentalmente, un hallazgo, una invención, un encuentro con las nuevas formas, con la mirada diversa. Su aparición en la ciudad, con la creación de Galería 16, en la plaza del Buen Pastor, nido de tantos referentes de exquisitez y valor auténtico en este tiempo, fue como un regalo del tiempo.
Aquí asentó una manera de promoción del arte que no fue, insistimos, espectacular, pero sí exigente, llena de aciertos en la promoción de nuevos pintores, de pintores nacientes, que necesitaban un aliento para asentarse, y, si repasamos las exposiciones, propuestas, en las más variadas formas artísticas, hemos de convenir que Galería 16 y su director y factótum han sido uno de los pilares de la modernidad en la vida cultural del País Vasco del último cuarto de siglo.
Las ediciones de algunos de sus catálogos son un ejemplo primoroso de calor y afecto, de talento y sentido estético, como es el caso de la vindicación, interior y exterior, que ha hecho en los últimos años de la obra del donostiarra-leonés Amable Arias Yebra. Pudiera bastarnos ahora sólo esta invocación como certificado de toda una manera de concebir la promoción del arte. Al mismo tiempo, Gonzalo Sánchez, de voz discreta y de criterio firme, prestó sus conocimientos para el asesoramiento de algunas instituciones. Sus pareceres han sido, en tantos casos, elemento de creación de un juicio básico para tomar decisiones convenientes en la recuperación, promoción o difusión del arte, bien es cierto que no sólo en San Sebastián, sino en todo el País Vasco.
Y, a más abundamiento, la tarea de Gonzalo Sánchez ha cundido a su vez en la presencia de nuestras galerías, las escasas galerías de arte donostiarras, tan poco consideradas por quienes debieran, en las ferias, mercados, plataformas y arcos de aquí y de más allá.Con la desaparición de Gonzalo Sánchez, la temperatura de la ciudad, esa que sólo se percibe en la conducta civil de cada ciudadano, que hace lo que tiene que hacer en cada momento, sufre un irreparable y bronco descalabro. Goian bego.