SAN SEBASTIÁN. DV. En el acto de recepción de los Premios Euskadi de Plata, Bernardo Atxaga avisó sobre los riesgos de la concentración de las editoriales, medios de comunicación y librerías en unas pocas manos. Mila Beldarrain, por su parte, dijo que «ahora hay mucha oferta, y cuando alguien entra en la tienda y se decide por tu libro es como para rezar el rosario». Atxaga ha ganado el Euskadi de Plata en el apartado de euskera gracias a su libro Markak, y Mila Beldarrain en el de castellano, por su novela Domenja de Oñate.
Este premio, instituido por el Gremio de Libreros con la ayuda de Kutxa, se otorga a los autores de los libros que mejor acogida tienen entre el público en la feria del Día del Libro.
Atxaga hizo suya la preocupación mostrada por el editor de la casa estadounidense Pantheon, André Schiffrin, en el sentido de que la concentración en la propiedad de las editoriales, los medios de comunicación y las librerías es una amenaza. «Es un proceso más visible en los países anglosajones, pero que también está llegando a Europa, por ejemplo a Francia -dijo el escritor euskaldun-. Esta nueva situación hace más grandes a los grandes, y más pequeños a los pequeños, como los que trabajamos en euskera. Son de agradecer los esfuerzos que hacen los libreros vascos. Y los pequeños debemos crear nuestras cajas de resonancia, porque sin ellas no tendremos futuro. El lector debe encontrar razones para comprar un libro que no está en los escaparates, en esta época en la que los grandes dominan hasta los escaparates de las tiendas de barrio».
La donostiarra Mila Beldarrain comenzó su charla agradeciendo que Atxaga le ayudara en la presentación de su novela Petriquilla, hace bastantes años, y dijo que ha disfrutado con la novela que ha resultado ahora premiada. «Me lo he pasado como un chaval con un videojuego, imaginando la Donostia del siglo XV», comentó.
Añadió que «no es una novela histórica, sino una novela en la que en un marco histórico se cuela un personaje. Y ese personaje es una mujer que se tiene que enfrentar a la lucha por la vida».
«Me siento feliz. Bernardo estará acostumbrado a los premios, pero no es mi caso. Las novelas las escribimos para que las lean los lectores, no para guardarlas en el cajón», prosiguió. Ambos premiados, Beldarrain y Atxaga, son nacidos en 1951.