SAN SEBASTIÁN. DV. A Aimar Olaizola y Abel Barriola, los finalistas del Manomanista, se les hizo muy corta la noche del domingo. Ambos lo festejaron a lo grande. El de Goizueta, la txapela. El de Leitza, el subcampeonato. Ambos amanecieron ayer con ojeras, con pocas horas de sueño.
Aimar Olaizola, el campeón, se reunió con 120 de sus seguidores en la sidrería Alorrenea de Astigarraga, lugar habitual de sus celebraciones. Degustaron el típico menú de sidrería -pimientos verdes con antxoas, tortilla de bacalao, chuletón y de postre queso, nueces y membrillo-. Una txaranga se encargó de ambientar la celebración, que se alargó hasta las cuatro de la madrugada. A esas horas, Aimar comenzó a acusar el cansancio y se fue a casa.
Los más valientes decidieron seguir de fiesta en Donostia. Cerraron un conocido local de la playa de La Zurriola y después emprendieron viaje de regreso a Goizueta. Algunos llegaron amaneciendo. «Ha sido una buena juerga, pero sana», nos dijo uno de los participantes, quien señaló que «Aimar estuvo muy tranquilito, estaba cansado de la final».
Una anécdota. Aimar Olaizola recibió un masaje en el Atano III tras la final mientras esperaba a pasar el control antidopaje. Bixente Artola tuvo que ingeniárselas para hacerlo al no existir una sola mesa de masaje en los vestuarios. Utilizó el podio como improvisada camilla. La postura de Aimar resulta difícil de explicar. Lamentable.
Aimar Olaizola tenía que acudir ayer al mediodía a una comida en las bodegas Marco Real de Olite junto al resto de pelotaris y técnicos de Asegarce, cita previa al inicio de la concentración de cuatro días en el balneario de Arnedillo. Tanto él como su hermano Asier, gozaron de permiso para incorporarse a media tarde. Además, Asier tenía que ir al médico a primera hora para realizarse unas pruebas de asma.
El subcampeón, Abel Barriola, también disfrutó con los suyos a pesar de no ganar la txapela en el hotel Basakabi de Leitza. «Cuando llegó, a eso de las 22:30, estaba un poco triste, pero pronto se olvidó de que había perdido la final», afirma otro informante anónimo presente en el festejo. Fueron 160 los incondicionales que arroparon a Barriola en esos momentos tan amargos y que, con el paso de las horas, pasaron a convertirse en felices. Entre ellos se encontraban los remontistas Uterga y Olazar, y el ex aizkolari Patxi Astibia. El menú que degustaron, a un precio de 45 euros, consistió en ensalada de marisco, pintxo de foie, empanadilla de atún, sorbete de limón, entrecot, postre, café y copa. José Ángel Elizalde se encargó de amenizar la velada con su acordeón. Contó con la colaboración de José Ignacio Barberia, un experto en rancheras. También hubo bertsolaris, que dedicaron sus bertsos a Abel.
Argoitz Hernandorena y Urko Goizueta, miembros de su cuadrilla, se pasaron toda la noche animándole. Y al final consiguieron su objetivo. Le sacaron a bailar. No sólo a él, a todo el mundo. Abel demostró que de chaval ha sido dantzari en el Club Deportivo Leitza. «Parecía que la txapela la había ganado él», nos dijeron.
La celebración acabó sobre las tres de la madrugada y la comitiva emprendió camino a Leitza, donde Argoitz Hernandorena se empeñó en continuar tirando cohetes. No le dejaron, no eran horas. Dicen que tiró cincuenta. En el bar Txoko, el único que estaba abierto a esas horas, se juntaron los últimos de Filipinas. Alguno seguía en pie a la hora del almuerzo...