La Real afronta esta noche en Anoeta ante el Racing un partido determinante para sus aspiraciones de continuar en primera división. Los blanquiazules necesitan ganar y que sus rivales directos en la clasificación no obtengan el mismo resultado, con la única excepción del Celta. Un desenlace de esta naturaleza permitiría albergar hasta la última jornada la esperanza de lograr la salvación. Si el equipo realista no es capaz de ganar al Racing, el descenso a Segunda División estaría prácticamente consumado. La Real no depende de sí misma para alcanzar la ansiada permanencia, pero sí tiene la ineludible obligación de ganar esta noche en el último partido que disputará ante su afición. Es mucho lo que sigue habiendo en juego y los jugadores blanquiazules deben saltar al terreno de juego convencidos de que pueden y deben ganar al Racing de Santander. Ni la frustración que provocó la derrota en Pamplona, ni la crisis desencadenada por la dimisión de Fuentes al frente del consejo de administración, ni tampoco el paréntesis que ha sufrido la competición por los compromisos de las diferentes selecciones, deben desviar la atención de los jugadores de la Real y de los aficionados respecto del único e irrenunciable objetivo de ganar esta noche al Racing en Anoeta.
Mantener viva la esperanza de alcanzar la permanencia en la última jornada de Liga obliga hoy a los jugadores blanquiazules a vaciarse sobre el terreno de juego en busca de la victoria. Esta es una obligación inexcusable y constituye también el argumento principal que debe permitir arrancar un apoyo total y comprometido de los aficionados desde las gradas. Sólo la conjunción de estos dos factores está en condiciones de favorecer la consecución del objetivo de sumar tres trascendentales puntos, a la espera de que en otros terrenos de juegos los resultados puedan acompañar a la Real.