Jueves, 7 de junio de 2007
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ORDIZIA
El autor cubano Luis Manuel García gana el concurso de relatos de Kimetz
El jurado del certamen ha destacado el alto nivel literario de los participantes
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ORDIZIA. DV. En la decimotercera edición del certamen de relatos, que organiza la asociación de mujeres Kimetz, destacaban dos detalles curiosos; el palmarés y currículum del ganador, y la participación de autores locales; nada menos que ocho. A la convocatoria de este año respondían 95 relatos, menos que en la edición récord del año pasado; 151.
De esos 95 trabajos, 90 estaban escritos en castellano y los 5 restante en euskera. Observando el remite, 39 trabajos llegaban desde distintos puntos de Euskadi (8 desde Ordizia), 50 de otras comunidades autónomas y la media docena restante de países latinoamericanos.
Al igual que hasta ahora, el jurado estuvo compuesto por Luisa Echenique, Felipe Juaristi y Eli Tolaretxipi, quienes felicitaban a los participantes, porque la calidad de los cuentos presentados resultó alta, siguiendo la tónica de otras ediciones y en consonancia con las esperanzas depositadas en este concurso. Cada vez, añadían, «más afianzado y reconocido en el panorama de los concursos literarios, no sólo en el País Vasco, sino en otros territorios y lugares más alejados de él».
En segundo lugar queremos mostrar nuestra satisfacción porque el cuento premiado, Variaciones de Antonio El Cojo, presentado bajo el pseudónimo de Diosdado Alegre, supone un magnífico cuento, un cuento afable. Y es, además, muy humano. Trata sobre las diferentes máscaras que puede adoptar un hombre, bailarín que perdió su pierna, que sobrevive trastabillado, física y moralmente, y mendigando. Se dedica a repartir alegría, a inventarse historias sobre sí, a contar patrañas que alegran a los demás. Dándoles motivos para reír, los acerca a la esencia de la vida, pero los aleja de su propia realidad. Al final del cuento, la máscara cae y nos encontramos con el personaje en su desnudez.
A los miembros del jurado, indicaba Luisa Echenique, «nos ha gustado la aparente intrascendencia del relato, la facilidad calculada de la prosa, que guarda en su interior un tesoro, el tesoro de la bondad».
Sin premio en euskera
La terna decidía dejar desierto el primer premio en euskera porque ninguno de los textos recibidos alcanzaba el nivel de los galardonados hasta la fecha, y porque, entendían, el prestigio y buen nombre del certamen re-clamaba proceder de esta manera. El accésit a la mejor aportación rubricada por una mujer recaía en la donostiarra, Maite de Diego Etxeberria por El punto final.
El pseudónimo de Diosdado Alegre correspondía a Luis Manuel García Méndez, (La Habana, 1954) residente en Madrid, autor, entre otros, del libro de poesía, Un asombro pendiente (1994), de la novela, El restaurador de almas (2002) o Habanecer, reeditado recientemente por el sello, Mono Azul Editora. García Méndez es además jefe de redacción de la revista Encuentro de la Cultura Cubana desde 2002, y sus textos periodísticos y literarios han aparecido en publicaciones de América y Europa.
El autor cubano explica que, tradicionalmente, cuando está terminando un libro, una reseña del mismo, un apartado, o uno de los cuentos, como en esta ocasión, de su próxima publicación; Jardines invisibles, lo envía a distintos concursos para probar su eficacia y ver la respuesta de diferentes lectores. Podría decirse , indica «que se trata de un test, al que concurres de manera anónima junto a escritores de todo tipo, y en el que, a menudo, el éxito llega, bien de la mano, del oficio, o bien de aquellas circunstancias que propician ese acertado argumento que sale de lo más recóndito».
«Un examen, que en esta ocasión ha resultado revelador porque me asombró, destacaba, el nivel de coincidencia, de parecer, entre mi opinión y la del jurado».
Maite de Diego, que ha cursado los estudios de magisterio y psicología, aunque su vida profesional discurre muy alejada de ambas disciplinas, señala que su afición literaria surgió en el año 2002, cuando a través de un anuncio publicado en este mismo periódico supo de la existencia del certamen de relatos, invitación ante la que se dijo aquello de por qué no y concursó, llevándose el accesit establecido para la mejor historia relatada por una mujer.
«Me pareció tan maravilloso, dice, que desde entonces me lo he planteado como un reto y he tomado parte en muchos concursos y cosechado varios premios, concretamente dos en Loyola».
Por temperamento, expone Maite de Diego, «necesito hacer cosas y por lo que a la literatura se refiere me lo he tomado muy a pecho. Yo, indica, escribo historias sencillas que pretenden expresar emociones de la gente normal. Y mediante un lenguaje, en ocasiones irónico, plasmando algo de mi y aludiendo a pasos que no me atrevería a dar, creo que consigo, al menos lo intento, dar con el sentir de una mujer». Y si de un reto se trata, concluye Maite de Diego, «a la vista del currículum del ganador, cara a la convocatoria del año que viene me marco como meta obtener el primer premio. n

 
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