Ni Simoni, ni Di Luca, ni Andy Schleck, ni el Giro, ni el Zoncolan. El gran triunfador de la etapa de ayer fue el ciclismo, los aficionados que llegaron a miles a las rampas del puerto, al que sólo se podía subir andando o en bicicleta. Ni la ausencia de Iván Basso, ni todo lo que se ha dicho sobre el dopaje, nada impidió que hubiese una marea humana durante muchos kilómetros de esa ascensión, una constante que se está repitiendo en Italia, un país donde cuidan a sus deportistas, les protegen, les ayudan. Y los escándalos, cuando surgen, tienen una base o se quedan en nada, sin consecuencias posteriores. Producía envidia sana ver a toda esa gente en la carretera -ni siquiera había cunetas-, tras pegarse una buena paliza física para poder ver a los corredores de cerca. Simoni comentó que «este triunfo vale más que un puesto en el podio. He luchado mucho por volver a ganar una etapa en el Giro. Leonardo Piepoli me había dicho que iba a hacer todo por ayudarme y lo ha cumplido. Estoy muy bien en Saunier Duval. Veremos lo que pasa en 2008».