 Inzaghi celebra con los aficionados del Milán el primer gol que marcó y que sirvió a los milanistas para adelantarse en el marcador. [LICOVSKI/EFE] |
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| MILÁN 2 - LIVERPOOL 1 |
Milán: Dida; Oddo, Nesta, Maldini, Jankulowski (Kaladze, min. 79), Gattuso, Ambrosini, Pirlo, Seedorf (Favalli, min.92); Kaká e Inzaghi (Gilardino, min.88).
Liverpool: Reina; Finnan (Arbeloa, min. 88), Carragher, Agger, Riise; Mascherano (Crouch, min. 78), Xabi Alonso, Gerrard, Zenden (Kewell, min.59); Pennant y Kuyt.
Goles: 1-0. Min. 45. Inzaghi. 2-0. Min. 82. Inzaghi. 2-1. Min. 89. Kuyt.
Árbitro: Herbert Fandel (Alemania). Mostró cartulina amarilla a Gattuso (40'), del Milán y a Mascherano (58') y Carragher (60'), del Liverpool.
Incidencias: 64.000 espectadores llenaron el estadio Olímpico de Atenas. Platini entregó la Copa al campeón del Milán, Maldini. |
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El Milán de Ancelotti se vengó del Liverpool a la italiana. No se pareció en nada a ese equipo vistoso que en Estambul sufrió una afrenta histórica y al final cayó por penaltis. Esta vez, fue un bloque que no arriesgó nada, esperó sus momentos, se metió atrás y logró su objetivo a base de oficio y contundencia. Igual que Italia en el Mundial de Alemania, vaya. Los de Benítez lo intentaron por todos los medios, pero se vieron incapaces de evitar que los lombardos se coronasen por séptima vez con dos goles de Inzaghi, el primero de rebote, justo antes del descanso, y el segundo en un magistral contragolpe, cuando ya apenas quedaba tiempo para la reacción, ni siquiera heroica.
El fútbol volvió a ser fiel a una de esas tradiciones que acaban por convertirse en normas. Resulta que el Espanyol y el Sevilla brindan una final imborrable de la UEFA en la fría Glasgow y, sin embargo, dos colosos de Europa como el Milán y el Liverpool, que suman doce grandes títulos continentales, aburren a las ovejas en el rimbombante y caliente Olímpico de Atenas. Suele ocurrir en este deporte que las vísperas de mucho se convierten en días de nada.
Hace sólo dos años protagonizaron un duelo épico en la inmensa capital turca, resuelto por el polaco Dudek, ayer suplente de Pepe Reina, después de que el Liverpool remontara un 0-3 en el descanso. Había cuentas pendientes y la revancha prometía. Pero el problema es que de todo se aprende, más aún si semejante afrenta la sufre un equipo italiano, y dice el refranero popular que segundas partes nunca fueron buenas.
Si alguien pensaba que los lombardos iban a salir acelerados, dispuestos a cobrarse desde el primer minuto esas viejas deudas y a regalar espacios en defensa, se equivocaba de raíz. Ancelotti diseñó un plan conservador, italiano de pura cepa. Buscó el éxito a partir del orden atrás. Barruntó que si en defensa no fallaban, seguro que algún detalle decidiría porque ellos tienen más clase. Y acertó de pleno. Si uno sólo observa la final y le dicen que a este Milán lo entrena Trapattoni, se lo cree.
Sin espacios
A los italianos, empero, no conviene regalarles nada. Y ocurrió que, cuando el período inicial languidecía, Xabi Alonso se pasó de frenada en una jugada tonta, hizo una falta innecesaria al astro brasileño cerca del área y brindó una gran oportunidad al rival. Pirlo ejecutó la falta con tanta suerte que el balón golpeó a Inzaghi y despistó a Reina, quien se quedó casi tan petrificado como cuando su padre, Miguel, encajó hace 33 años el lanzamiento del tal Schwarzenbeck que permitió resucitar al Bayern ante el Atlético.
La segunda mitad fue un quiero y no puedo de los reds ante un Milán que no estaba dispuesto a tropezar dos veces en la misma piedra. Se pertrechó atrás y no tuvo reparo alguno en meter a nueve hombres por detrás del balón, con Kaká e Inzaghi solos por delante. Y, precisamente, entre ellos se guisaron y se comieron el segundo gol, que tumbó al Liverpool a siete del final. Ni siquiera con el postrero gol de Kuyt, tras un córner, los ingleses desestabilizaron a los calculadores italianos. Quien calculó mal fue el árbitro alemán, que se comió un minuto de descuento e indignó a Benítez. COLPISA