Martes, 22 de mayo de 2007
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EL ÁRBOL DE LA CIENCIA
EL DETECTOR
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No hay programa de cotilleo o del corazón, como usted prefiera, que no utilice uno de estos artilugios. Están cobrando un protagonismo equiparable al de los presentadores o los invitados. Lo que más sorprende es que todo el mundo se fía más del resultado del detector o polígrafo que de lo que dice el personaje, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta la naturaleza de muchos de ellos. El detector tiene la última palabra.

Se oyen murmullos de admiración o de desaprobación en función de que el aparato corrobore o refute lo que ha dicho el individuo en cuestión. ¿Se han preguntado alguna vez cuál es el nivel de certeza de estas «máquinas de la verdad»?

El polígrafo detecta cambios en la tensión arterial, en la frecuencia respiratoria y en la conductividad de la piel por la sudoración. Estos cambios son el resultado de una descarga de adrenalina provocada por un estímulo con un alto contenido emocional que actúa sobre el cerebro. Se producen cambios así ante estímulos causantes de miedo, pena, horror, asco, ira, etc. Estos estímulos actúan sobre la parte más primitiva, instintiva y animal de nuestro cerebro. Las reacciones pueden controlarse hasta cierto punto por la parte más racional, consciente y humana del cerebro que es la corteza cerebral, concretamente la parte frontal. De hecho, personas con lesiones frontales apenas reaccionan ante estímulos intensos.

El polígrafo tiene su uso más amplio para determinar si una persona miente o no, basándose en la teoría de que la mentira también altera las respuestas fisiológicas. Para ello, el invitado (o sospechoso, según el caso) es inducido a mentir en la sesión de entrenamiento para detectar los cambios provocados. Luego, es sometido a un interrogatorio que intercala preguntas neutras con otras muy personales capaces de desencadenar emociones intensas y en las que el sujeto podría mentir. Sin embargo, las posibilidades de error son considerables.

Un informe de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU estimó que de aplicarse a una muestra de 10.000 científicos de los cuales 10 fueran espías, el polígrafo sólo identificaría a 8 de ellos, a la vez que serían considerados probables espías 1.598 (casi un 16%) de los inocentes. Con este margen de error, no se acepta como prueba por casi ningún tribunal de justicia del mundo.

Una científica inglesa está desarrollando un nuevo detector basado en el estudio de las ondas cerebrales ya que supuestamente las mentiras tardan más en procesarse que las verdades. Para ello, se colocan 128 electrodos en la cara y cuero cabelludo del supuesto mentiroso. Habrá que ir preparándose...

 
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