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| LOS DATOS |
Plan de Residuos: Fue aprobado en 2002 por todas las mancomunidades y por la Diputación. Con anterioridad, San Marcos aprobó su propio plan. Ambos comparten el impulso del reciclaje, el compostaje y la incineración.
Compostaje: El Plan de Residuos de Gipuzkoa contempla compostar para 2016 el 55% de la materia orgánica, es decir, 60.000 toneladas. Para lograrlo, los ciudadanos tendrán que depositar en un nuevo contenedor los restos de comida cruda. Se construirán dos plantas de compostaje, en Azpeitia (Lapatx) y en Donostialdea.
Reciclaje: El plan tiene como objetivo alcanzar el 75% en el papel y cartón; el 75% del vidrio, el 90% de envases metálicos y el 20% en plásticos.
Incineradora: Se estima que el 55% de los residuos se incinerarán. En principio, se preveía construir una planta en Gaintxurizketa, que daría servicio a Irun y Hondarribia, y otra en Donostia, para el resto de Gipuzkoa. Casi con toda seguridad se construirá sólo la segunda, integrando a Txingudi.
Vertederos: La UE impone restricciones de tal calado que en la práctica impide nuevas aperturas. El de San Marcos ya ha comenzado a cerrarse y los otros tres de Gipuzkoa lo harán en 2009. LA CIFRA |
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Si existe algún acto cotidiano, este es el de bajar la bolsa de basura al contenedor. Una vez abierta la tapa y depositados los residuos, nos desentendemos del asunto. Damos por hecho que alguien llega, recoge las bolsas y las traslada a lugares remotos para que no molesten. Problema resuelto.
En Gipuzkoa, sin embargo, el problema dista mucho de estar solucionado. Es más, la basura nos llega hasta el cuello. Este territorio, en el que las autoridades se vanaglorian de que hemos entrado en el siglo XXI con paso firme, sigue tratando la basura como en la Edad Media: arrojando los residuos a los vertederos. Pero he aquí un enorme problema con el que no se contaba o, si se contaba, se ha escondido la cabeza: los vertederos no son infinitos, se llenan.
Y se han llenado. El más grande de Gipuzkoa, el de San Marcos, ha cerrado sus puertas recientemente a la entrada de basura doméstica. Se ha cumplido así el compromiso con los vecinos de la zona, que han soportado durante años los malos olores. Para evitar que la basura se quede en la calle, los residuos que se dejaban en San Marcos se distribuyen ahora entre los otros tres vertederos del territorio: Sasieta (Beasain), Lapatx (Azpeitia) y Urteta (Zarautz).
El problema se ha solventado, pero solo temporalmente. Estos tres vertederos comarcales van a adelantar su clausura en varios años, dado que recibirán 400 toneladas diarias de desperdicios con las que no contaban. Esta basura provendrá de San Sebastián, Errenteria, Pasajes, Oiartzun, Lezo, Astigarraga, Lasarte, Usurbil, Urnieta y Hernani, es decir, 304.000 habitantes, más de la mitad de Gipuzkoa.
La condición de las mancomunidades para hacerse cargo de la basura de Donostialdea fue que la capital aprobara la construcción de una incineradora en su término municipal. Además, exigieron que en 2009 la basura se deje de arrojar en los citados vertederos. Todavía nadie ha explicado qué se hará con los residuos entre 2009 y 2012, año en el que se estima que se abrirá la planta.
El alcalde de Donostia se opuso a la incineradora, pero carecía de margen de maniobra. O aceptaba la instalación o cargaba con la responsabilidad de cerrar San Marcos sin contar con ninguna alternativa factible a corto plazo. Finalmente, el Pleno, que se desarrolló a puerta cerrada ante los disturbios provocados por grupos contra la incineradora, aprobó con los votos de PSE, PNV y EA instalar la planta en los altos de Zubieta, zona perteneciente a Donostia, pero alejada del núcleo urbano y lindante con Lasarte y Usurbil.
Rocambolesco
Así, resumido, parece que el camino fue relativamente coherente y lineal, pero nada más lejos de la realidad. Antes de Zubieta, otros cinco emplazamientos se presentaron como la opción definitiva. Sin embargo, allí donde se ponía el dedo, ya fuera Urnieta, Errenteria o Aritzeta, el alcalde de la localidad o de los municipios cercanos, y los plenos correspondientes, mostraban su oposición.
Los responsables municipales de PNV, EA, PSE y PP, que en sus órganos regionales y en instituciones como las Juntas Generales votaban a favor de la incineración de residuos, apartaban el cáliz en cuanto llegaba a su mesa.
Esta flagrante contradicción propició un rocambolesco carrusel de emplazamientos, ofreciendo una imagen pésima de una clase política incapaz de asumir con todas sus consecuencias decisiones difíciles, pero necesarias para la resolución de un problema de primer orden.
Al final de la legislatura, casi en el tiempo de descuento, el problema entró en vías de solución. La decisión del Pleno de Donostia de aceptar la construcción de la incineradora desbloqueó el desarrollo del Plan de Residuos de Gipuzkoa, aprobado en 2002 por todas las mancomunidades y por la Diputación. Es decir, salió adelante con los votos de PNV, EA, PSE y PP.
El plan marca unos objetivos muy ambiciosos para el tratamiento de las basuras hasta 2016. La incineración de parte de los mismos ha acaparado el debate, pero en la práctica diaria el reto para los guipuzcoanos estribará en incrementar los índices de reciclaje hasta colocarnos a la cabeza de Europa.
Hasta ahora, los ciudadanos han respondido de forma ejemplar en la recuperación de papel, vidrio, plásticos y latas. Los contenedores azul, verde y amarillo forman ya parte de la vida cotidiana y lo habitual es verlos rebosantes de material listo para reciclar.
El Plan de Residuos, además de potenciar la recogida de los citados elementos, quiere dar una vuelta de tuerca más al reciclaje. La iniciativa pretende que también se recuperen los restos de comida cruda para producir compost, es decir, un producto que sirve para mejorar la calidad de suelos agrícolas y jardines. La Diputación espera que para 2016 se produzcan 60.000 toneladas, dando así salida al 55% de la materia orgánica putrescible.
Reto enorme
El reto es enorme y va a requerir un gran esfuerzo de los guipuzcoanos. En las cocinas, además de dejar sitio para el papel, vidrio y plásticos, tendremos que encontrar espacio para los restos de alimentos crudos (verduras, frutas, legumbres ). Estos desperdicios se depositarán en la calle en un nuevo contenedor, de color marrón.
Los ciudadanos han aceptado bien cada nueva propuesta. Cómo se responderá a este esfuerzo suplementario es una incógnita. A partir de septiembre se quiere ensayar la experiencia en Zarautz, Zumaia, Azpeitia, Azkoitia, Aretxabaleta y Donostia (Amara). Después de una intensa campaña de captación dirigida a 30.000 familias, solo se han apuntado 3.600. ¿Es un signo de cierto cansancio? ¿Todavía es pronto para sacar conclusiones?
El reto para Gipuzkoa está ahí y, de momento, solo hay una realidad tozuda: cada uno de nosotros genera al día 1,6 kilos de basura, de los que 1,2 va a vertedero y el resto, 400 gramos, se recuperan.