Lunes, 14 de mayo de 2007
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CRÍTICA DE TV
Eurovisión
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Cantamos como nunca, perdimos como siempre. En fin, quien crea que D'Nash merecía ganar, que se apunte a cualquiera de esos talleres de música que organizan los servicios municipales con abundante subvención para gastarse los fondos europeos (a este paso, terminarán dedicando los fondos europeos a mejorar el nivel de Eurovisión). Tampoco puede decirse que ganara gran cosa Carolina Ferré, que fue la encargada por TVE de conducir un largo, muy largo, pero que larguísimo programa especial sobre la cosa.

Lo mejor del programa de TVE fue la aparición de dos clásicos olvidados, resucitados por el llamado 'efecto Cuéntame': José María Íñigo y Alfredo Amestoy. Carolina estuvo todo el rato muy relajada y como tronchada de la risa, lo cual era señal indudable de que se avecinaba una catástrofe. Ésta llegó cuando las votaciones empezaron a aplicar su habitual lógica: los cantantes de TVE quedaron en un calamitoso vigésimo lugar, que no es una derrota sin precedentes, sino ya una costumbre.

La vencedora fue una canción presentada exactamente en los antípodas del estilo escogido por TVE: la de Serbia. En un blog de la movida gay leía estas semanas que el festival de Eurovisión parecía la Gay Pride, oséase una cabalgata del orgullo tal, y a título de demostración citaban a Ucrania, España, Suecia, Dinamarca y, precisamente, Serbia, entre otros muchos que era imposible saber si venían citados con conocimiento de causa o por afán de expansión.

El caso es que si hubo alguien que hizo 'lobby' en las votaciones, no fue aquél, sino el de los países del Este. Dieciséis de los veinticuatro concursantes en la final eran países del Este de Europa. Un poco excesivo, ¿no? Ha habido fuerte bronca con ese asunto. A Carmen Villar Mir le he leído que la gente -o sea, el personal concursante- incluso llegó a las manos en las jornadas previas, porque el 'voto familiar' era demasiado evidente.

Y la chica serbia, con un desparpajo notable, declaró en rueda de prensa: «Es pura matemática, el ganador será uno de nosotros». Lo fue, claro. Íñigo estaba enfadadísimo. Y uno de los chicos de D'Nash, en la desolación de la derrota, denunció el «mafiaje» euroriental antes de aseverar: «Lo hemos hecho de puta madre y somos un equipo de la hostia».

Eso es tener estilo, sí señor, y no lo del ucraniano, disfrazado de madre de Gurruchaga travestida de Paco Clavel. En ese contexto, qué quiere usted que le diga: me encanta que haya ganado una chica gordita y feúcha, que ha cantado una melodía reconocible y en el idioma original de su pueblo. En cuanto a TVE, sinceramente: ¿de verdad es preciso estar ahí?

 
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