Domingo, 13 de mayo de 2007
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Anthony Giddens: «No entiendo la amistad de Blair con Aznar y Berlusconi»
El padre intelectual de la Tercera Vía cree que el balance de la década laborista ha sido positivo
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LONDRES. DV. «Irak está en el primer punto de la lista de las cosas que han ido mal en la última década. Afecta al legado que deja Blair y a su relación con la Unión Europea, donde no ha podido ser líder. Yo no entiendo la profundidad de su extraña amistad con gente como Azar y Berlusconi. La relación con la UE fue tocada en parte por Irak, pero también por el hecho de que no ha corrido riesgos en la política europea como en otras áreas».

Quien lo dice, en una conversación con corresponsales extranjeros en Londres, es Anthony Giddens, ahora lord Giddens. Es autor de trabajos relevantes en el campo de la sociología del poder, del amor o de la cultura, profesor en Cambridge y ex director de la London Schools of Economics. Pero el Premio Príncipe de Asturias en 2002 es más conocido por la publicación, en 1998, de La Tercera Vía, un libro que acuñó intelectualmente la dirección del laborismo de Blair.

«Participé activamente en el diálogo entre los laboristas y los demócratas de Clinton, que se hacían llamar los Nuevos Demócratas», dice para explicar la génesis del libro. «El concepto de Tercera Vía existía desde mucho tiempo antes y me lo propusieron los editores. Yo quería llamarlo La renovación de la socialdemocracia. Pero, ¿quién compra un libro con ese título?».

Con el título de La Tercera Vía y amparado en el éxito electoral de Tony Blair, Giddens se convirtió en un intelectual planetario, requerido como consejero de gobernantes de los cinco continentes. Ahora, ha publicado otro libro directamente político: Over to you, Mr. Brown (Es su turno, Sr. Brown), en el que hace balance de la década blairista y ofrece su opinión sobre lo que debe hacer su posible sustituto, Gordon Brown, para lograr lo que a él le parece aún posible, ganar un cuarto mandato frente a los conservadores liderados por David Cameron.

«Yo creo que el balance de Blair es más positivo de lo que a menudo se le concede», afirma Giddens. «Un problema de los gobiernos de izquierda es que, cuando llegan al poder, quienes los apoyan se desilusionan pronto, porque creen que no hace lo que ellos quieren o no lo hace con suficiente rapidez».

En el haber de Blair, Giddens destaca la victoria en tres elecciones sucesivas, menciona el «éxito parcial» en la descentralización autonómica en Escocia y Gales, «porque parece que Escocia quiere ahora irse sola» y, por supuesto, Irlanda del Norte.

Pero la discusión sobre estas cuestiones no son lo más interesante de Giddens que, tras una larga carrera profesional en la práctica de la teoría social, es especialmente bueno en el análisis de esas cuestiones. Su balance es que «Blair ha dirigido un Gobierno más redistributivo de los que la gente cree».

El padre de la Tercera Vía dice que hablar de estas cosas con periodistas es un reto, porque «no suelen estar interesados en políticas». Estoicamente, argumenta sus afirmaciones con un torrente de datos. «En 1997, había 13,8 millones de personas que vivían en la pobreza, medida tras los costes de la vivienda, y 10,2 millones, antes de los costes de la vivienda. Hoy son 11,4 y 9,2 millones, respectivamete. Hay 700.000 niños menos en la pobreza, que se queda corto con respeto al objetivo declarado de un millón, pero es la cifra más baja desde el final de los años ochenta».

Marca política

Esa acción redistributiva ha sido posible, según el profesor, porque la gestión del Gobierno sobre la economía ha sido muy buena, con crecimiento positivo en todos los trimestres de la década, algo inédito. Y eso ha permitido sostener una gran inversión en los servicios públicos. «El punto de partida del gasto en Sanidad y Educación era muy bajo -dice- y Blair creó expectativas imposibles de cumplir al decir en televisión que iba a llegar a las magnitudes europeas de gasto, lo que al parecer enfadó muchísimo al responsable de Hacienda, Brown. Pero lo que se ha hecho es enorme».

La Tercera Vía de Giddens era un programa que rompía con dos propuestas anteriores: el viejo laborismo, con su creencia en el papel central del Estado como proveedor de protección y servicios, y el thatcherismo, con su creencia en que los mercados libres resuelven todos los problemas. Una medida del éxito de Tony Blair es, según Giddens, que «ha movido al conjunto del país en una dirección más socialdemocrática y la comprobación es que los conservadores de Cameron están promoviendo ideas como el empresariado social, porque han perdido tres elecciones con líderes que proponían la alternativa thatcherista».

¿Cuales son los puntos negros? Giddens cree que hay en la población un deseo de cambio, que la gente se cansa de un mismo Gobierno. Pero señala que la desilusión con Blair tiene también razones que no suenan como caprichos. «Creo que toda la cuestión de sus relaciones con los medios de comunicación y la mercadotecnia ha provocado desilusión. Porque una cosa es presentarte con buena luz y otra es comercializarte como si fueses una marca. En sus primeros años, el Gobierno recurrió a técnicas de la publicidad comercial. Y eso creó rechazo».

Pero la primera plaza en la lista de puntos negros es Irak. Giddens no cree que Blair mintiera en el camino a la guerra. Él estaba convencido de que el primer ministro tenía informes reservados que mostraban el nivel grave de amenaza del Irak de Sadam, pero al comprobarse que todo lo que tenían los gobiernos partidarios de la invasión eran aquellos informes publicados tan inconcretos, manifiesta perplejidad. Y preocupación por la herencia que tan grave error deja en el escenario internacional.

«Los primeros pasos de Blair en política exterior tuvieron éxito. Influyó en Estados Unidos para meter tropas en Kosovo. Hizo lo mismo en Sierra Leona. Pero, cuando llegó a Afganistán y, sobre todo a Irak, empezaron los graves problemas. Como Reino Unido está en proceso de retirarse de Irak, su sustituto podrá cambiar de política y lo que debe hacer es apoyar el plan de James Baker e implicar a Irán en la solución».

No es el menor problema, según él, que «el resultado del extenso período de poder de Bush es el encogimiento del poder americano. Empezó su mandato con el mundo hablando de la sobrecogedora fuerza militar americana y lo acaba sin que todo ese poder logre pacificar ni un solo país, ni Afganistán ni Irak. Y hay que regresar al multilateralismo pero se ha producido un declive en la influencia de la ONU, de la Organización Mundial de Comercio, del FMI y el Banco Mundial».

Igualdad y dinamismo

De regreso a la política doméstica, Giddens ofrece en su último libro una receta incómoda, la permanente innovación de ideas. Algunas de las que cristalizaron durante el diálogo entre demócratas americanos y laboristas británicos en los años noventa ya viajan por el mundo.

Cualquier observador informado de las elecciones francesas recientes habrá notado que la simpatía declarada por Nicolas Sarkozy hacia Tony Blair no sólo son palabras efímeras de campaña electoral. Una de sus propuestas programáticas -protección de la persona en vez de proteger el puesto de trabajo- está reproducida literalmente del programa del Nuevo Laborismo.

Eso es puro Giddens, en cuya filosofía política hay dos ideas poderosas. La vieja izquierda confiaba en el Estado, lo identificaba con la esfera pública. «Pero el Estado puede ser», según este sociólogo de la socialdemocracia, «el enemigo de la esfera pública, cuando es demasiado burocrático, ineficiente, no responde a las necesidades de los ciudadanos o está controlado por los intereses de los productores, del mismo modo que ocurre con los mercados». La esfera pública de Giddens es una definición del bien común y él propugna que el Laborismo «acentúe su afán igualitario y se identifique con las mejores políticas socialdemócratas, las que se desarrollan en países escandinavos, pero también en Nueva Zelanda, España o Chile».

La segunda idea es que la protección social del Estado beneficencia ha tenido un enfoque defensivo tras la II Guerra Mundial. Giddens dice que la sociedad moderna exige protección positiva. «El Estado no puede defender puestos de trabajo en la economía globalizada, pero debe centrarse en capacitar a sus ciudadanos para que puedan encontrar empleo», dice. O que la sanidad debe ser enfocada hacia la cuestión de la forma de vivir y no sólo centrarse en curar la enfermedad.

La galería de medidas que propone Giddens para la renovación laborista es muy amplia. Servicios públicos aunque sea mediante empresas privadas o públicas han de ser avanzadas. Pago módico de la asistencia sanitaria. Exigencia de responsabilidad social a los ricos, sobre el medio ambiente pero también en la filantropía. Hay que acabar con la discriminación por edad, invertir más en los jóvenes que en los viejos, pero liberar a éstos de trabas para seguir trabajando. Es un ideario de igualdad, «porque Reino Unido es un país europeo y nuestra cultura no acepta las desigualdades de EE UU».

¿Las implementará David Cameron? «Le falta aún la sustancia», afirma Giddens. «Los laboristas podrían ganar de nuevo, pero no será fácil».

 
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