HASTA el último minuto. El Tribunal Constitucional resolvió ayer las últimas dudas y la campaña comenzó a medianoche con ese aire dejà vu que tienen los rituales electorales. Al final no hubo sorpresa -algunos sí la esperaban- y sólo la mitad de las listas de ANV podrá concurrir el 27-M. El periplo se inicia con cierto miedo escénico de que ETA quiera colarse en el guión y meterse en la sala de máquinas de la campaña como si fuera, como alguien dijo, Alien, «el octavo pasajero». Los que saben manejan con cuidado la hipótesis de la reaparición, pero es verdad que estos son tiempos dados a los bulos y a los rumores. Zapatero al final vendrá al País Vasco -en concreto, a Vitoria, el día 15- y es que sus compañeros del PSE le pedían un gesto de apoyo explícito en estos momentos de incertidumbre.
Todos cruzan los dedos y escrutan la decisión del Tribunal Constitucional. Algunos socialistas vascos no descartaban en los últimos días un fallo favorable a las tesis de las alegaciones de ANV. La fotografía histórica de Ian Paisley y Mc Guinness en Irlanda del Norte sirve a tirios y troyanos, pero alumbra una luz de esperanza en el túnel y plantea una pregunta. ¿Por qué lo que ha sido posible allí no es factible algún día aquí? Es probable que Zapatero -que se ha propuesto no hablar de ETA en la campaña- no pierda del todo la esperanza de sentarse algún día con Arnaldo Otegi en La Moncloa. Pero desde el atentado de Barajas, la desconfianza es absoluta porque se cree que ETA ha decidido romper la baraja con todas las consecuencias y está buscando todas las excusas que puede.
Por eso, pese al mayo irlandés, entre nosotros las cosas siguen confusas y hay que tener los pies en el suelo, como dice Josu Jon Imaz, y no hacerse falsas ilusiones. ¿Qué ocurriría si ETA volviera a atentar antes de las elecciones para demostrar que puede desestabilizar la política española? Es una hipótesis, es cierto, pero los que saben de estas cosas no lo descartan en absoluto. Intuyen que hace meses se ha producido en el seno de ETA una involución. Pero precisan que decir que Txeroki representa a la línea dura es pura leyenda, que es el responsable de los comandos, pero no el que se enfrenta a Josu Ternera. Las fuerzas de seguridad -en su trabajo está no fiarse nunca- transmiten la necesidad de alerta.
Claro que estas elecciones tienen, sobre todo, impronta local. Y en San Sebastián, con el verano anticipándose en las playas, la batalla vuelve a ser apasionante. Odón Elorza recordaba en el comienzo de la campaña a las víctimas del terrorismo, mientras Xabier Ezeizabarrena, el candidato del PNV -que le llama «el alcalde saliente»- le ha regalado su libro La ciaboga infinita sobre los derechos históricos en un debate cara a cara para demostrar que no es «el candidato de Egibar» y que está en onda con Herrero de Miñón.
Zapatero esta vez no viene a San Sebastián. Sólo se acercará a Vitoria, en donde el socialista Patxi Lazcoz necesita un empujón porque la pelea con el PP de Alfonso Alonso va a ser dura. El presidente también visitará Pamplona y Logroño. Las encuestas del PSN no son para echar cohetes, en especial en Pamplona, en donde el duelo entre Yolanda Barcina y Uxue Barko deja al candidato socialista algo descolocado. El que mira con atención lo que ocurra en Pamplona es el aragonés José Antonio Labordeta, compañero del Grupo Mixto de Barko. Si la candidata de NaBai es elegida alcaldesa, el cantautor no se va a perder este año por nada del mundo el lanzamiento del chupinazo de San Fermín desde el ayuntamiento. Se lo ha prometido.