SAN SEBASTIÁN. El sentimiento de desamparo de la familia de Raquel Dávila se ha transformado en indignación contra la empresa conservera Mecoar, a la que acusa de intentar desentenderse de su responsabilidad en la intoxicación. Consultados por este diario, dos responsables de la empresa de Mendavia aseguraron ayer, -contrariamente a lo que se les informó a los abogados de la familia-, que disponen de un seguro de responsabilidad civil, e incurrieron en algunas contradicciones al relatar cómo se mantienen al corriente de la evolución de Raquel.
La familia de la víctima del envenenamiento asevera que un abogado de la empresa les comunicó que ésta carece de seguro de responsabilidad civil. Pedro Ochoa y Miguel Azulmendi, directivos de Mecoar aseguraron ayer que «por supuesto que hay seguro». El bufete donostiarra Conasa Asesoramiento, que lleva la defensa de la familia lazkaoarra, expresó ayer su sorpresa y incredulidad por esta afirmación, «dado que hemos solicitado de forma insistente por burofax que se nos facilitara la póliza de su seguro y finalmente su abogado nos dijo que no lo la tenían».
Esta situación ha sido la «última mala noticia» para la familia lazkaoarra, de extracción humilde y que «vive al día. No nos sobra nada», precisa Mari Carmen, hermana de Raquel, que se solivianta y considera «incomprensible que una empresa de estas características actúe de esa forma y trate de eludir sus responsabilidades frente al calvario que está pasando mi hermana».
Por el contrario, Pedro Ochoa manifestó ayer a este diario que «nosotros estamos a la espera, tiene que haber una reclamación para que podamos responder, pero aún no nos han pedido nada».
Contacto interpuesto
Los abogados de Conasa van a interponer «de inmediato» una demanda «por intoxicación por producto defectuoso» contra los propietarios de Mecoar ante el juzgado de Estella, demarcación judicial en la que se encuentra el domicilio social de la empresa.
En este contexto, la familia también considera denunciable que los responsables de la conservera de Mendavia no se hayan interesado durante los meses transcurridos por la evolución de Raquel. Pedro Ochoa aseguró ayer que «todas las semanas preguntamos por su estado», dato desmentido categóricamente por la familia.
Preguntado sobre quién era el contacto, Ochoa se mostró dubitativo y aludió «al marido de la hija». Posteriormente Miguel Azulmendi se puso en contacto con este diario y aseveró que hablaban «con Juan Carlos», aunque reconoció que la última vez lo hicieron «en febrero». «Posteriormente, hemos llamado, pero no coge el móvil». La familia, a su vez, negó esos contactos y precisó que la pareja de una de las hijas se llama Juan Pablo, no Juan Carlos.
Azulmendi sostuvo que tenía «tranquilidad moral» sobre la actuación de la empresa respecto a la familia y aseveró que las menciones al conocimiento preciso sobre cómo se encontraba Raquel también se basaban en una segunda fuente de información: «Un cliente de la distribuidora con la que trabajamos vive debajo de la familia de Raquel en Lazkao, y así sabemos cómo van las cosas».
Mari Carmen dice que los «únicos» que se han interesado por su hermana han sido los dueños de la distribuidora a la que compraron el bote de alcachofas contaminadas. «Ellos sí están pendientes», dijo.