BELFAST. DV. ¿Quién iba a decir que Irlanda del Norte, lugar de conflictos arcaicos, iba a proveer finalmente una confirmación de las teorías de los más avanzados politólogos, que explican que los problemas en la sociedad occidental no son ya definidos por clase o ideología y que los nuevos retos son, por ejemplo, la salud y la obesidad?
Ayer, antes de la fomalización del Ejecutivo autonómico, había que elegir en Stormont al presidente de la Asamblea parlamentaria e Ian Paisley nominó a su correligionario, William Hay, trazando un retrato bromista sobre su físico. Hay va a ser un defensor fuerte, o grueso, 'stout', de la Cámara, dijo el Doctor Paisley.
Adams recogió el guante y propuso de vicepresidente a un miembro de su partido, que también es notablemente grueso. El unionista del UUP, sir Reg Empey, dijo que su nominado sería más bien 'robusto'. El nominado reconoció que él era grueso. Y el nacionalista del SDLP, Mark Durkan, confirmó que el suyo también es 'stout'.
Esta autonomía de los gordos comenzó a andar entre risas. La dieta local es carnívora y fuerte. E incluso la transición de Paisley desde un aparente estado terminal de salud, hace dos años, hasta su mejor aspecto actual se debe, según sus asociados, a un cambio de dieta. Difícil creerlo. Se ha recuperado de alguna enfermedad.
Tras la ceremonia, los cinco principales -Paisley, Martin McGuinness, Tony Blair, Bertie Ahern y Peter Hain- se sentaron en el despacho del primero para tomar el té. Paisley y McGuinness supervisaron la escena minutos antes y se les oyó bromear. «Tú te encargas del Sr. Blair y yo de Bertie», dijo el unionista al republicano.
Cuando se sentaron, Blair dijo a Paisley: «Este despacho es mejor que el mío». McGuinness dijo a Hain: «Y el de Viceministro Principal es espléndido. ¿Os habéis cuidado muy bien!». Todo eran risas. Y, sin embargo, la tristeza rondaba sobre los dos hombres que han sostenido el proceso de paz, Blair y Ahern.
El primero anunciará mañana su renuncia al liderazgo laborista y abrirá el proceso sucesorio que terminará en julio. Se marcha en una atmósfera de decepción. Y Bertie Ahern ha convocado elecciones para el día 24, acosado por la acusación de que ha ingresado personalmente dinero de constructores.
Martin McGuinness eligió el momento en el que se hablaba de las vicisitudes personales y electorales de los líderes británico e irlandés para lanzar el mejor chiste del día. «Por nuestra parte, estamos encantados de proveer algo de estabilidad a estas islas», dijo. Paisley se desternilló de risa.
El paso del tiempo
Blair introdujo su candor. Apuntó que, incluso en los peores momentos, la gente del Ulster siempre había sido amistosa con él. El paso del tiempo tiene esas cosas. No debe recordar el día de 1998 en el que decidió pasear por un barrio protestante y tuvo que ser rescatado por la Policía de la hostilidad vecinal.
Paisley introdujo la melancolía: «Eso es cierto», dijo a Blair, «aunque ahora a mí me odian por sentarme con Martin». Más risas. Y la traca final de Paisley: «Es curioso que un hombre joven de 54 años esté retirándose del Gobierno», se refería a Blair, «y otro de 81 esté empezando». hablaba de sí mismo.
Cuando acabaron las risas y descendieron por las escaleras hacia el salón del palacio, donde les esperaban los demás invitados, los cincuentañeros las bajaron briosos, mientras el Ministro Principal que acababa de prometer un mejor futuro para la región, se parapetó tras ellos, buscó el pasamano y descendió, muy lentamente, hacia el inmediato futuro.