SAN SEBASTIÁN. DV. Iván Basso aseguró ayer, en conferencia de prensa, que nunca se ha dopado y que sólo lo intentó en un momento de debilidad.
Basso compareció ante los periodistas para explicar su decisión de colaborar con la fiscalía del Comité Olímpico Internacional (CONI) y admitir sus responsabilidades en la Operación Puerto, sobre la red de dopaje investigada en España.
Sin embargo, mientras que se creía que admitiría que había asumido sustancias dopantes durante el Tour de Francia, Basso sorprendió al asegurar que sólo ha reconocido los cargos de los que se le acusa, «el intento de dopaje».
«En mi carrera no he asumido alguna sustancia dopante y aún menos he recurrido a la hemotransfusión. Ahora cumpliré mi pena y volveré a correr», dijo el corredor.
Basso añadió que siempre ha sido uno de los ciclistas más controlados y un corredor «modelo, respecto al perfil sanguíneo» y que lo que ocurrió sucedió «en un momento de debilidad», que le pesará toda la vida.
Basso apareció ante la prensa acompañado por su abogado, Massimo Martelli, que explicó que durante su declaración ante el fiscal del CONI no se limitó sólo a una admisión de responsabilidad sino que explicó los métodos, las circunstancias y todo lo que rodeaba a su relación con los médicos implicados.
El ciclista quiso además precisar que sólo reconoció sus responsabilidades y que nadie le ha preguntado sobre otras personas o corredores.Añadió que su decisión de admitir sus culpas ha llegado tras un año de «grandísimo sufrimiento, más fuerte que la gloria y el dinero» y pidió «respeto» por haber elegido colaborar.
«Creo que volveré a hacerme querer y pienso que el grupo lo aceptará. No me han faltado las palabras de apoyo de muchos colegas, creo que se puede volver a ganar honestamente como yo siempre he hecho», añadió Basso.
Sin embargo, en declaraciones a La Gazzetta dello Sport, ha dicho que: «La sangre es mía. Quería utilizarla para el Tour». El periódico italiano enumera los numerosos elementos que contribuyeron a implicar a Basso en el escándalo después de que la policía española descubriera en mayo de 2006 más de 200 bolsas de sangre congelada y plasma sanguíneo.
Algunas de estas bolsas llevaban el código Birillo, el nombre del perro de Basso. Al menos dos escuchas telefónicas señalaban sus resultados al doctor Fuentes durante el Giro que el corredor italiano ganó en 2006.
El médico había anotado en su agenda o en documentos incautados en su casa la lista de productos y sus citas con Birillo desde 2004. En ellos también figuraban desde esa fecha pagos de 35.000 euros, 6.000 euros y, finalmente, 70.000 euros.
Basso utilizó en dos ocasiones su teléfono móvil para enviar SMS al doctor Fuentes después del Giro 2006 y en el expediente del médico español figuraba un análisis detallado de su sangre. En la fiscalía del CONI también declaró Michele Scarponi.