SAN SEBASTIÁN. DV. El público de Ipurua se levantó de sus asientos para despedir con una cerrada ovación a un Arrate que dio todo un recital de juego nada menos que ante un Ciudad Real que acabó por llevarse la victoria, más bien de manera instintiva, ya que el juego que desplegó no se ajustaba a su nivel ni tampoco se correspondía con el de un líder y máximo favorito al título.
El Arrate afrontaba esta nueva contienda después de haber recibido un fuerte bofetón con la noticia de las derrotas de CAI y Ademar en las finales continentales. De este modo, se desvaneció su sueño de acceder a una plaza europea a través de la séptima plaza.
A pesar de volatilizarse esta motivación de primer orden, el conjunto albiazul cerró la mejor actuación de su temporada. Ahora, y a la espera de que el brazo magnánime de la EHF regale una plaza continental, la meta más cercana que le queda es obtener la máxima puntuación en Asobal. La cifra la estableció la plantilla del 89-90 de la que el actual entrenador Viktor Debre formó parte, al cerrar su concurso en el octavo puesto con 28 puntos.
De momento, a falta de cuatro jornadas cuenta con 23, lo que representa ya su segunda mejor marca. Superar el listón de hace dos décadas resulta a primera vista factible. Para ello, será primordial mantener el espíritu en las dos contiendas que le restan en casa, a cada cual más difícil, al tener que recibir nada menos que a Barcelona y Ademar.
Ekisoain auguró tras su paso con el Portland por Eibar, que alguno de estos dos equipos, además del propio Ciudad Real, saldría maltrecho de Ipurua. A juzgar por el comportamiento que tuvieron los albiazules ante el líder, estaba claro que no querían contradecirle. Fuera tienen aún más opciones para salir victoriosos al tener que hacer frente al Antequera y al Altea.
El Ciudad Real se encontró con una fierecilla que no fue capaz de amansar hasta los últimos compases del partido. Habrá que echar mano de hemeroteca para encontrar alguna situación en la que tanto su preparador, en este caso Dujshebaev, se haya inclinado por solicitar un tempranero tiempo muerto (apenas habían discurrido ocho minutos) como el hecho de que no fueran capaz de anotar más de un gol en los diez primeros minutos. Al final, no fue capaz de alcanzar los 30 goles.
Debre, como nunca, movió a todo el banquillo (salvo Vucinic y Panadero) con el objeto de dosificar el esfuerzo de sus hombres.
La excelente interpretación de la profundidad defensiva anuló prácticamente el tiro exterior del Ciudad Real, al tiempo que en ataque este factor pasó a ser su fuerte, ya que 17 del total de 27 goles fueron anotados de esta guisa. Hombrados tuvo que ser sustituido por un Sterbik, que devolvió temporalmente la seguridad a su portería. Lo único que verdaderamente les inquietó y desconcertó fue el juego con el pivote. Hasta ocho goles anotaron desde esta posición, siendo su máximo exponente Uríos.