Hace años oí vaticinar que la igualdad entre hombres y mujeres llegará el día en que al frente de una institución importante se designe a una mujer incompetente. Pensamiento astifino como su propia autora, Françoise Giroud, gran dama del periodismo francés, que no ha perdido un ápice de actualidad: por demasiado tiempo la ineptitud con despacho, secretaria personal y dietas pagadas ha sido patrimonio del varón, conque ya va siendo hora de que ellas también disfruten del derecho a la libre incompetencia en todos los niveles de la jerarquía de mando.
Aun respetando la presunción de competencia de Ségolène Royal, sospecho que Francia acaba de perder una oportunidad histórica para acercarse al sueño de la Giroud. La socialista ha hecho una campaña ni fu ni fa, comsí comsá, y en el tête-à-tête el pequeño Sarko le sacó varias cabezas. Sin embargo, ya se puede leer que su derrota se debe a la pinza que le han hecho los varones de derecha con los barones de izquierda, y que Francia ha demostrado que «aún no está madura» para una presidenta. Tal vez: los caminos de la igualdad entre géneros son inescrutables y a veces pasan por las peores elecciones.
Para camino inescrutable el de la Ley vasca para la Igualdad que permite que a las próximas forales se presente el 100% de mujeres en una sola lista (la palabra plancha sonaría machista) pero prohíbe, por discriminatorio, que la proporción de hombres supere el 50%. No, no es una parida: es la paridad sin par de nuestra legislación. Y puesto que nadie protesta, deduzco que la Ley para la Igualdad se llama así a causa de que a los hombres, en el fondo, ya todo nos da igual. Varón alicuotado, varón domado.
Uno, perdonarás, pero tiene motivos biológicos para recelar de las cuotas. No en vano mi madre se saltó la paridad paritoria y me alumbró Juan cuando me tocaba Isabelita. Se llevó un disgusto la pobre... «¿Hombre tenías que ser!», era su frase favorita. Con el paso de los años me he dado cuenta de que la condición femenina no es ningún chollo, y más de una vez he llegado a celebrar el maternal fiasco.
Saltar de la cama todas las mañanas y ponerse el traje de ser humano es duro, pero si encima eres mujer muchísimo más. De ahí que a lo largo de la historia hembras de carácter se hayan travestido, como nuestra Catalina de Erauso -el tío más calavera que por aquí hemos tenido-, George Sand o Isabelle Eberhardt. Si estas pioneras de Cambio Radical hubiesen nacido hoy serían sociólogas, abogadas, psicoterapeutas o, ¿por qué no?, candidatas a incompetentes.
Yo creo que la igualdad llegará el día que podamos llamarlas incompetentas sin por ello cometer incorrección: ortográfica ni política.