OÑATI. DV. Quién les iba a decir a las monjas de Bidaurreta que un día serían tema de conversación en el programa de Ana Rosa Quintana o que el conde Lecquio llegaría a catar sus deliciosas rosquillas. Su vida de clausura les mantiene al margen de la farándula televisiva y de la telerealidad, pero el concurso Supervivientes, en el que participa el alpinista alavés Juanito Oiarzabal, les ha convertido en protagonistas por un día. Ayer, Vicente de Prado, representante del montañero vitoriano en los platós televisivos, quiso donar el 'sueldo' de su primera intervención televisiva, precisamente en el popular programa matinal de Telecinco, a la monjas clarisas oñatiarras.
«Hace un mes estuve en Oñati de visita -explicaba ayer por la tarde el amigo de Oiarzabal-. A mi mujer y a mí nos gusta mucho el arte, y recorrer estas calles y monumentos es un auténtico lujo. Estando en la parroquia, vimos a un hombre pidiendo en el exterior y, luego, cuando nos acercamos hasta Bidaurreta, volvimos a verlo. No fijamos cómo gentilmente le llevaban al torno y le daban un bocadillo. El hombre, con una enorme sonrisa de felicidad, cruzó el jardín, cogió una botella de vino que tenía guardada en el césped y degustó su comida como quien come el más selecto de los manjares. Creo que hay que destacar la labor de gente como estas monjas que no tienen muchos lujos, y lo que tienen lo comparten» explicó.
«Con poco se puede ser feliz, como nos demuestran las monjas y aquel vagabundo, y por eso yo tengo claro que todo lo que recaude de mis intervenciones televisivas lo voy a destinar a obras sociales, así lo pacté con Juanito, y así voy a hacerlo. Sé, sin conocerlas, que las monjas de Bidaurreta harán buen uso de ese dinero, que se lo darán a quien lo necesita» concluyó.
Desconocían el programa
Vicente, acompañado por Iñaki Igartua, de la Oficina de Turismo, entró luego al convento y les hizo entrega a las monjas de un cheque con el donativo. La abadesa Sor María Jesús Odriozola y Sor María Luz San Sebastián, desconocían el programa televisivo y la figura de Oiarzabal, pero agradecieron el detalle y, tras entregar a Vicente unas pastas para que las degusten en El programa de Ana Rosa, se interesaron por la figura del popular montañero alavés, el primer vasco y el sexto en el mundo en conseguir completar los 14 ochomiles. Y es que, al principio, cuando Iñaki le comunicó la noticia, pensaron que les tomaba el pelo. Vicente explicó luego a los medios que su amistad con Juanito no está relacionada con la montaña «Somos amigos de cartas, de vida social, de cenas, a mí eso de subir montañas no me va. '¿Para qué si luego hay que bajarlas?', le suelo decir. Practico deportes más tranquilos y soy árbitro de fútbol-sala» relató.
En lo que se refiere a su participación en Supervivientes, dijo verle «muy natural, es un hombre que al pan le llama pan y al vino vino. Es muy directo y está con gente que no se parece nada a él. Pero es un superviviente nato y le veo entre los finalistas».
«Cuidar su imagen»
Vicente cree que si le hubiesen dicho quiénes iban a ser sus compañeros de aventura en Honduras, no hubiese acudido al programa, «pero una vez metido en harina el objetivo de quienes le defendemos en los platós es que su imagen no salga perjudicada, sino reforzada». Su amigo recordó que «Juanito está valorado como uno de los 20 mejores deportistas de la historia de España. Ha hecho 21 ochomiles con todo lo que ello conlleva y dejado a mucha gente en el camino, es un superviviente y lo va a demostrar».
También explicó que si gana el concurso a Juanito «le vendrá muy bien ya que pronto verá incrementada su familia. Va a traer un niña del Nepal que será la hermanita de su otro hijo, que tiene ya 7 años».
Vicente asegura que «Juanito tiene carácter, no se corta ante nadie ni ante nada, pero no actúa con malicia». Esta manera de ser, sin dobleces, y su fortaleza física son sus grandes bazas. Pero, aunque Juanito se esfuerza en disimularlo, no es inmune a todo. Su amigo cree que la única criptonita que puede hacerle mella son las rencillas y conjuras entre concursantes. «Porque si hay algo que no aguanta el montañero son las puñaladas por la espalda, aunque no vayan dirigidas a él».