ESKORIATZA. DV. Mañana se celebrará el tradicional «Atxorrotz eguna». A las 9 de la mañana se realizará la diana con los txistularis y media hora más tarde se iniciará la subida a Atxorrotz. Como cada año, numerosas personas acudirán a esta cita anual en la cumbre eskoriatzarra. A las 11,30 se celebrará la Misa en la ermita de Atxorrotz oficiada por D. Jenaro Lekuona, Párroco y Arcipreste de Arrasate, que ya lo hiciera el pasado año. En la mente de los presentes rondará sin duda la imagen del sacerdote D. Kruz Abarrategi, que tantos años ofició la misa en la cumbre de Atxorrotz, pero que no puede acudir a esta cita.
El 'Lignum Crucis'
Despues de la misa, como indica la tradición, procederá a la bendición desde la cima de los campos del Valle de Leniz con el «Lignum Crucis». A continuación se podrá disfrutar con la actuación de los trikitilaris Sorkunde eta Jon. En la taberna que estará instalada en las campas, se venderán bocadillos para los que deseen quedarse a comer.
A las 18.30 en la plaza actuará el grupo de dantza de la Escuela de Música de Eskoriatza y como todos los años se venderán las tortillas que se recojan en la plaza. Como cada año se solicita la colaboración de los eskoriatzarras aportando tortillas de patata que hayan preparado en sus casas. El dinero que se reúna este día se destinará a ayudar al 'Grupo de Deficientes Mentales de Eskoriatza' y a los proyectos de la ONG 'Atxorrotx'.
El castillo de Atxorrotz
Aitzorrotz tiene una altitud de 738 metros. Desde su cabecera se domina el Valle de Leniz. En ella hubo en su día un castillo del que se aprecian aún restos de su muralla, que delimitan un recinto fortificado de unos 470 metros cuadrados de superficie. Además existía un aljibe de forma «parale- lepípeda» tallada en roca viva y que tenía una capacidad para 30.000 litros, que al parecer aseguraría la provisión de agua a su guarnición en las situaciones de asedio. Por debajo del muro hay un paso a una estrecha cuevecilla, que se cree ocupada al menos en la edad de bronce. Esta fortificación figura entre las adquiridas por el rey castellano Alfonso VIII, con motivo de la incorporación definitiva de Gipuzkoa al Reino de Castilla, a finales del siglo XII. Posteriormente hasta mediados del siglo XIV ejercía una importante función de vigilancia militar.
En el año 1369 figura este castillo estaba incluído por Ordenanza Real entre los abandonados. Recobró su carácter militar en las luchas banderizas durante e l reinado de Enrique IV, siendo utilizadas por las tropas reales los años 1457 y 1463. Finalmente se utilizó en la Guerra de la Independencia, Guerras Carlistas y en la Guerra Civil.