Una lectora nos escribe la siguiente simpática carta, que concluye con una sugerencia y el ruego de que una zona verde escondida pueda abrirse al uso público: «qué pena no poder deleitarme de la espectacular Glicinia que hay enfrente de las antiguas piscinas, justo antes de la primera villa. Sus racimos lilas, se abren paso como pueden entre tanta maleza y los que consiguen asomarse. ¿ah! hacen al caminante se quede embelesado en su paseo. Invito desde estas líneas a darse una vueltita por este recinto para saborear este regalo gratuito que nos ofrece esta época de primavera y también invito ...¿como no!... a quien corresponda... a limpiar esta zona, que seguro podría quedar mi agrado y del de todos en general», dice.