Por qué tiene que saber el presidente del Gobierno lo que vale un café? ¿Por qué averiguar lo que cobra el líder de la oposición? Hablar de dinero es de mal gusto, dirán algunos, lo mismo que llevárselo es de buen tono. Sucede que las personas que han acumulado fortuna tienen dos preocupaciones: ocultarla e incrementarla. Pero Ronaldinho, que se ha ganado el derecho legítimo a no tener problemas económicos de por vida (24 millones de euros al año) por su habilidad para meter goles, no sólo no parece preocupado por que el euríbor haya escalado al 4,251% en abril, sino que come de gorra a diario.
Y ni echarle la culpa cabe al astro del FC Barcelona. Al fin y al cabo, es tan popular que «a todos los lugares donde voy, soy invitado. Llego a un restaurante y, a la hora de pagar, me dicen: 'Es por cuenta de la casa'. Entonces, quedo triste por no haber comido más», ha revelado con gracia en una entrevista a la revista France Football. El 'gaúcho' ha dicho que ya sólo paga la gasolina. Y con tarjeta de crédito, porque eso de llevar calderilla en los bolsillos tampoco va con él. «Ni me preocupo».
Aunque existe tendencia a creer que todo el que tiene mucho dinero tiene muy poca vergüenza, no siempre es así. Y quizá Ronaldinho, el futbolista más rico del mundo según recoge la revista Forbes, se hace el remolón y vive por la patilla porque su atención está en una factura mayor, la Liga. O bien porque el desapego al dinero es parte de de su alegre carácter.
Dios le pague su actitud positiva y su discurso festivo -que no incluye declaración de bienes- en los tiempos que corren. «No necesita tanto dinero. Necesita que le siga preparando mis frijoles, arroz y carne», ha contado alguna vez con igual franciscana sencillez Miguelina, su madre.
En otra entrevista realizada en su día a otra revista, el delantero brasileño, que calza zapatillas Nike con incrustaciones de oro de 24 kilates, aseguró que «el fútbol sacó de la pobreza a mi familia» y que nunca se había visto sin blanca. Que, fallecido su padre cuando él tenía ocho años, en casa hubo que hacer un esfuerzo adicional para subsistir. De niño, era su hermano futbolista quien pagaba sus cosas y, desde que empezó a jugar, todo lo que se embolsaba se lo daba a Miguelina, para que ella administrara a fin de mes.
Dijo una vez Ramón Calderón, el presidente del Real Madrid, que sus jugadores eran «niños mimados, malcriados y superpagados». Lo cierto es que quien tiene un amigo futbolista, como Ronaldinho, tiene un tesoro.