Nacido el año 1829, hijo del rey Oscar I de Suecia y Noruega, sucedió a su hermano Carlos XV en 1872 con el nombre de Oscar II. Acudía con frecuencia a Biarritz y aunque algunos escritos citan el día de hoy como el elegido para visitar San Sebastián, en realidad la visita tuvo lugar el 29 de marzo de 1899. Verdad es que al Ayuntamiento la llegada del rey le pilló en mal momento, debido a los muchos problemas que, precisamente ese día, tenía el alcalde de la ciudad.
Se vivían los días de la Semana Santa y aprovechando las jornadas de recogimiento el Gobernador Civil repuso en sus cargos a los concejales que había suspendido el mes de junio del año anterior, al tiempo que, ese mismo día, nombró alcalde a José Marqueze.
Sin tiempo para adaptarse a la nueva situación, la Corporación Municipal tuvo que dedicar su primer día de actividad a la visita del rey sueco y noruego. Por cierto que, el hecho más importante realizado por Oscar II durante su reinado fue, en 1905, conseguir la separación de Suecia y Noruega al declarar a esta última como reino independiente.
El rey llegó a Irún a las 8,40 de la mañana acompañado del montero mayor de palacio, del mariscal de su casa real, del chambellán y de su médico particular. En la estación le esperaba el vicecónsul de Suecia y Noruega en Pasajes, Julián Salazar, junto a distintas autoridades fronterizas y ferroviarias. «Al rey le llamaron la atención los guardias civiles que se encontraban con las armas presentadas, a los que examinó detenidamente elogiando su marcial continente». Preguntado el monarca si necesitaba alguna escolta durante su visita, rechazó cualquier presencia policial a su alrededor. Hizo el cambio de trenes, montando en el especial formado por un coche-cama-comedor, un coche de primera, un furgón de cola y otro de cabeza y saliendo a las 8,45, llegó a la Estación del Norte a las 9,15.
Banda de música, soldados uniformados, alcalde, concejales, diputados y mucho público le saludaron en los andenes mientras el gobernador civil le daba la bienvenida en nombre de la reina. En el patio exterior de la estación ocuparon los muchos carruajes que formarían la comitiva real y recorrieron gran parte de la ciudad, entre las aclamaciones de los donostiarras, al visitar el Palacio de Miramar, el Palacio Provincial y el Palacio Municipal.
Cuentan las crónicas que a Oscar II, autor de numerosas obras en prosa y verso, firmadas con el seudónimo de Oscar Fredik, le llamaron la atención los muchos objetos de arte que había en los palacios visitados pero, sobre todo, dicen se detuvo en la Casa Consistorial examinando un trabajo caligráfico del periodista Sr. Besné, en el que se representaban los Fueros de Guipúzcoa.
Almorzó en el Hotel Continental y en ferrocarril marchó a Zarauz. En calesa llegó a Guetaria, más tarde a Cestona y por fin a Azpeitia. Una vez en Zumárraga tomó el sud-expreso que le devolvió a Biarritz. La visita del rey Oscar fue el colofón de una década en la que San Sebastián conoció la llegada de un elevado número de personajes vinculados con las distintas monarquías europeas, entre los que destacaron la archiduquesa Isabel, los príncipes Wladimiro y Alejo de Rusia, el gran duque de Leuchtenberg, el rey Alejandro de Servia, la reina Natalia también de Servia, la princesa Fredericka de Hannover, el gran duque Jorge, la archiduquesa Isabel de Austria, el rey Carlos de Portugal, la emperatriz Eugenia...
A este «poker de reyes» dedicaron su atención algunos periodistas de la época citando, el año 1894, que en San Sebastián residían los meses de verano quince duques, cuarenta y ocho condes, setenta marqueses, siete vizcondes y cuatro barones. El viaje más «sonado» de cuantos se produjeron en esta década fue el del rey de Portugal. Llegó a San Sebastián el 3 de octubre de 1895, con bastante retraso debido a que la máquina del tren que le conducía hasta nosotros sufrió una avería.
Colaboró a la expectación popular el desfile de las tropas que formaron cordón por todo el recorrido, los arcos triunfales colocados en el trayecto y los cientos de colgaduras que decoraban las fachadas. Fue recibido por bandas de música e infinidad de autoridades con uniformes que ostentaban toda clase de decoraciones entre las que destacaba la portuguesa de la Torre y Espada lucida por el propio Jefe del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo, aunque fue ganado por el rey portugués que llevaba el Toisón de Oro.
Estancia en el Hotel de Londres, visita al Palacio de Miramar donde estaba la reina María Cristina, encuentros políticos con el gobierno español, recibimiento en el Ayuntamiento, presencia de un partido en el Jai Alai e iluminaciones, zezen-suzko y bailables.
Y para los más sibaritas, por la noche, el siguiente menú en Miramar que recomendamos ofertarlo a cualquiera de nuestros magníficos cocineros (restauradores, dicho en versión moderna): Consommé á la d'Orléans. Créme d'asperges Comtesse. Hors d'oeuvre. Petites mousses de foies gras. Soles a la Daumont. Filet de boeuf Richelieu. Cotelettes d'agneau petits pois. Supreéme de volaille Rossini. Granites au Porto. Predreaux truffés. Salade Portugaisé. Haricots vets Viénnoise. Petits fraisiers au marasquín. Glace au Chocolat... todo ello teniendo para elegir: Jerez Tío Pepe, Chateau Margaux, Chateau d'Jquem, Bourgogne Romaneé-Conti, Rhin Joannisberger. Champagne Moset & Chandon y Moscatel. El rey de Portugal marchó a la plaza de la Constitución para presenciar la «la popular fiesta de pólvora».