BRUSELAS. DV. José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, ha sufrido un traspié importante en su ejecutoria al frente de esta institución clave de la UE. Anteayer, en una decisión aparentemente meditada pero no suficientemente justificada ni explicada, decidió convocar a una serie de líderes comunitarios -no a todos, estaba Zapatero pero no Verhofstadt, por ejemplo- a una reunión informal que se celebraría en mayo en la localidad portuguesa de Sintra, para debatir cuestiones relacionadas con el porvenir de la construcción europea.
La reacción de las élites nacionales fue fulminante, y Barroso tuvo que reconducir la convocatoria, reduciendo su formato a un encuentro de los presidentes de las tres instituciones centrales de la UE -la Comisión, el Consejo de Ministros y el Parlamento- y los dirigentes de las dos próximas presidencias, Portugal y Eslovenia.
El portavoz de Barroso, Johannes Laitenbeger, dedicó buena parte de su contacto diario con los medios informativos a difundir ayer la idea de que una reunión de las características de la inicialmente pretendida por el presidente comunitario «es completamente normal, y cae dentro del modus operandi de un presidente de la Comisión Europea».