SAN SEBASTIÁN. DV. La mirada es al revés. Lo habitual al acercarse a la obra de un escritor es indagar en sus textos, recorrer sus obras, buscar en ese legado sus formas de interesarse por la vida. Sin embargo en la exposición que muestra el Centro Cultural Okendo, se trata de mirar a través de los ojos del propio Julio Cortázar, indagar en lo que a él le gustaba ver, escuchar, contar y disfrutar en viajes, cenas, cartas o encuentros con amigos. Y, sobre todo, participar en su incansable gusto por el juego, y de su visión lúdica de todo lo que estaba a su alcance.
Julio Cortazar, viajes, imágenes y otros territorios es una producción del CCCB, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, que ya ha recorrido ciudades como Valladolid, Santiago de Compostela y localidades de Canarias y Gerona. En ella se muestra a Cortázar «desde otra panorámica, no ortodoxa ni literaria, sino a través de los aspectos que interesaban al escritor»: los viajes, la fotografía, la música, el boxeo, escribir cartas a los amigos y los libros como artefacto o juego.
Sin llegar a la clasificación estricta, los distintos objetos van dibujando ese cúmulo de fascinaciones de Cortázar, con el juego, el ingenio y el humor como parte integrante de todas ellas, y que ya quedaban patentes en sus más conocidas obras, como Rayuela, La vuelta al día en ochenta mundos, Historias de cronopios y de famas o Los autonautas de la cosmopista.
Ésta última obra reflejaba un viaje por la autopista de París y Marsella en el que Cortázar y su mujer Carol Dunlop iban con una furgoneta roja, durmiendo en los arcenes. Otros viajes, como los dos que realizó a India, tienen también su reflejo en una colección de fotografías y una película casera que van más allá de la mirada de turista. Entre las imágenes, destacan especialmente las que realizó su amigo Antonio Gálvez, como los magníficos retratos con una trompeta, que testimonian la devoción por el jazz que tenía Cortázar. También hay fotografías de Cortázar en París, su ciudad de adopción, o instantes de amistad rodeado por Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Carlos Barral, entre otros.
Ejemplares originales de Rayuela o Prosa del Observatorio, que contaban con portadas de uno de los grandes amigos de Cortázar, Julio Silva, o imágenes que el escritor tomaba con su cámara de super 8, son algunos de los trazos de una vida imaginativa y fascinante, cuidadosamente guardados por su primera mujer, Aurora Bernárdez, que ha cedido muchos de ellos.