En 1994 la compañía vizcaína Eolo estrenó la obra de Alfonso Sastre ¿Dónde estás Ulalume, dónde estás?, en la que se narran los últimos días de Edgar Allan Poe. Fue un excelente montaje que sacó a su autor de la desesperanza porque veía que nadie le estrenaba. Ahora la retoma Juan Carlos Pérez de la Fuente, que fue director del Centro Dramático Nacional y responsable de destacados montajes como Carta de amor, de Arrabal; Historia de una escalera, de Buero Vallejo; o Muerte de un viajante, de Miller. Para Ulalume ha escogido a la actriz Zutoia Alarcia, que también protagonizó la versión anterior. A la actriz vizcaína le acompañan Chete Lera y Camilo Rodríguez.
- ¿Cómo se siente regresando a esta obra diecisiete años después?
- No tiene nada que ver con aquella, más allá de que es el mismo texto. Todo el equipo, menos yo, es diferente. Y, algo importante, ésta es la primera obra que hago tras haber decidido dejar lo otro.
- Al decir «lo otro» se refiere a su trabajo en la serie El comisario.
- Sí. Ha sido una de mis mejores decisiones en mucho tiempo, aunque después de hacerlo también he tenido mis dudas y mi crisis. Llevaba tiempo pensándolo y en diciembre tomé la decisión.
- ¿Ya no la vemos más haciendo de Elena, la policía estilo CSI de El comisario?
- En los capítulos nuevos no. Sigo apareciendo en los que se repiten. Eso tiene de bueno que se cobra algo por derecho de imagen cada vez que se emiten, pero una vez que me he ido, la verdad es que me gustaría que no se me viera, se acabó, que se olviden de la Elena esta.
- Al menos los guionistas no la mataron para justificar su desaparición de la serie.
- Se ha justificado con que me voy a trabajar a otro sitio. Muerta no estoy así que soy recuperable.
- Y casi inmediatamente le llega esta oportunidad teatral.
- Tuve mucha suerte porque la verdad es que en Madrid no soy conocida como actriz de teatro. Pero desde el primer encuentro con el director ya tuve muy buenas sensaciones. El mismo día que me hizo la prueba me dijo que contaba conmigo para el personaje.
- Aunque sería más apropiado decir personajes.
- ¿Y tanto! El personaje principal es el de Elmira, un antiguo amor de Allan Poe, pero también hago unos cuantos más. En el montaje anterior éramos cuatro para todos los personajes, pero Pérez de la Fuente lo hace más difícil ya que sólo somos tres. A mí me corresponden nueve personajes, es una locura maravillosa.
- Regresar a una misma obra es una oportunidad rara.
- Estaba muy contenta, pensando que me iba a resultar muy familiar, más sencillo conociendo tan bien la obra. Pero el problema, precisamente, es que sabía demasiado y eso no es bueno. No puedes afrontar la obra con el recuerdo de lo que hiciste, hay que realizar un ejercicio de desnudez y volver a empezar. Me cuesta, pero el director me lo pone muy fácil. Juan Carlos ha sido todo un descubrimiento para mí.
- No siempre le ha ocurrido eso.
- Pues no. Hay directores que se presentan a los ensayos sin tener ni idea de lo que buscan, hacen como que saben pero no saben nada y, claro, se lo tienes que resolver tú. Juan Carlos lo tenía todo muy claro y eso se ve después sobre el escenario.
- ¿Cómo es esta obra?
- Es el extravío de un hombre que decide cambiar de vida cuando ya tiene cuarenta años, que para mediados del siglo XIX eran muchos. En ese intento de cambiar, en el viaje que emprende, se pierde. Es un alcohólico que entra en delirios. La obra también habla de la incomunicación en general y de la de Poe en particular. Los personajes no conseguimos comunicarnos y él no logra hacerlo con la mujer a la que ama, con la que quiere pasar los últimos años de esa vida diferente que busca. Es una historia triste y muy hermosa. En el estreno de Madrid vi llorar a muchos espectadores.
- ¿Seguirá trabajando en Madrid o la veremos más por aquí?
- Espero poder seguir haciendo teatro y de calidad. Trabajar en Madrid supone que cobras mucho mejor. Pero también sigo con la compañía alavesa Traspasos, con la que hice El tiempo herido y creo que volveré a estar en próximos trabajos. Sea lo que sea, quiero poder elegir, hacerlo bien porque si no acabas quemado en producciones por las que nadie apuesta. Me he pasado toda mi vida invirtiendo en el teatro y ahora me interesa ser selectiva.