Viernes, 27 de abril de 2007
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PLAZA DE GIPUZKOA
De pronto
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De pronto han estallado los cerezos del parque cercano, y se han llenado de flores sus ramas. Vistas desde lejos parecen delgadas mujeres con la cabellera rojiza cayéndoles sobre la espalda. Es el signo de los tiempos, todo sucede de pronto, sin dar tiempo a la reflexión, a la espera, a la inacción, a la paciencia. De pronto sale el sol, hay mujeres (más que hombres) que aprovechan la ocasión para colgar la ropa tendida y que huela a calor, a cariño, a hogar; y de pronto entra la neblina, como un río oscuro y salado, por todas las aberturas de la ciudad, y, luego, como una mano densa, cierra los orificios, puertas y ventanas, ciega la visión de las personas y de las cosas.

De pronto se llenan los parques de niños, de animales y de ancianos: unos juegan con el presente, otros con el recuerdo de su pasado, los perros callan y miran el tiempo que no cesa de manar, como una herida triste.

De pronto viene la lluvia, y se hace el vacío, anterior a toda especulación física, anterior al mito. Es pura inercia del movimiento: niños que se refugian bajo unos arcos, ancianos que pasan lentamente, animales que ladran. De pronto viene la calma ansiosa y desconfiada.

Pero nada es igual, o nada es como era. Lo que vino se fue, sin avisar, sin dar ocasión de madurar, de dar forma y ser a lo que aconteció. De pronto aparece la soledad, como un fuego que corroe las entrañas, y luego se desvanece, como humo sobre el espacio exterior. De pronto se levanta el viento y libera olor a rosa y a jazmín.

 
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