Viernes, 27 de abril de 2007
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En la ruta de las aves
Miles de ánades y otros pájaros utilizan esta primavera los humedales de Txingudi y Zumaia como zonas de descanso en sus migraciones hacia el norte de Europa
SAN SEBASTIÁN. DV. Ánsares, patos cuchara, ánades azulones, pechiazules o frágiles mosquiteros musicales de apenas diez gramos de peso. Son sólo algunas de las especies que esta primavera buscan en los humedales de Gipuzkoa un lugar para el reposo, un área de descanso en su ruta migratoria. Muchas llegarán hasta los países escandinavos. Allí sacarán adelante a sus proles y vivirán hasta que los primeros temporales dejen paso al invierno. Sólo entonces emprenderán el vuelo de nuevo hacia las cálidas tierras de sur.

La migración hacia los lugares de reproducción comenzó ya en febrero. Las anátidas, los ánsares comunes, fueron de los primeros en levantar el vuelo tras haber pasado los últimos meses en Doñana. Otros disfrutaron del cálido invierno en los embalses de Álava. Varias especies más están ahora en pleno viaje: son las transaharianas. La golondrina será de las últimas en llegar. Muchas de estas aves en ruta harán un alto en el camino en el humedal de Txingudi. Enclavado en el extremo oriental del Cantábrico y en el occidental de los Pirineos, en Txingudi se produce un efecto embudo en el que confluyen las rutas migratorias de numerosas especies de aves en su camino hacia o desde los cuarteles de invierno. «Por ello, este paraje es un área de especial importancia, uno de los principales puntos de entrada o salida de aves migratorias en la península Ibérica», señala Juan Arizaga, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

La extensión de los humedales de Gipuzkoa ha experimentado en las últimas décadas una paulatina reducción. «Si echamos un vistazo desde el satélite, veremos que Txingudi es hoy un mar de asfalto. Que quedan tres islitas que hay en el Bidasoa, la zona de Plaiaundi y la marisma de Jaizubia. Luego, está Zumaia, un área formada principalmente por dunas y donde faltan grandes extensiones de carrizal o praderas de inundación», afirma Arizaga. Nadie duda, sin embargo, que estos dos enclaves constituyen un espacio a proteger y si es posible a ampliar. «¿Que cómo? Algunas zonas de las marismas de Jaizubia aún se podrían regenerar. Claro que para ello tendrían que desaparecer huertas que se han ganado a la marisma. Habría que ver en qué condiciones se colonizaron estas tierras», apunta Arizaga.

Lugares de paso

Los humedales de Gipuzkoa adquieren su valor real durante los periodos migratorios como zonas de descanso. A los científicos les resulta difícil fijar la cifra de individuos que utilizan estas áreas de descanso. «No debemos olvidar que son espacios reducidos si comparamos con el Delta del Ebro o Doñana y tampoco pueden acoger a muchos ejemplares. De cualquier manera, podríamos estimar en varios miles las aves que llegan», precisa Arizaga.

En un momento en el que cualquier variación del medio ambiente se atribuye al cambio climático, en Aranzadi no se ha observado ninguna alteración en los hábitos de comportamiento de las aves. «Para estudiar el efecto del cambio climático en las poblaciones de aves silvestres se necesitan datos de muchos años, treinta o cincuenta. Nosotros disponemos de una serie muy corta. Empezamos a trabajar en la Estación de Anillamiento de Txingudi en 2002 y por lo tanto todavía no hay margen temporal para detectar variaciones. En otras zonas, sí se han observado ciertos cambios. Algunas especies mediterráneas están criando cada vez más al norte», dice Arizaga.

La detección de los dos primeros casos de gripe aviar en Europa, en febrero del año pasado, hizo saltar las alarmas sanitarias. Se temió entonces que las migraciones de aves silvestres pudieran propagar el virus H5N1, responsable de la muerte de 90 personas en el este de Asia y Turquía. En julio de 2006 se descubrió el primer caso en España, en el humedal de Salburua, en Alava. Ha transcurrido un año desde entonces y ya pocos hablan de la gripe aviar. «No soy experto en virus, pero se ha ido viendo que la alarma no ha cundido. El caso de Salburua es desde mi punto de vista algo anecdótico. La realidad ha demostrado que el virus no se propagó mediante las rutas migratorias de las aves silvestres, sino a través de las del hombre. Las aves se mueven de Norte a Sur y no de Este a Oeste».

 
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