En el artículo de opinión del DV del sábado 21, de Manuel de Unciti, me sorprende que un teólogo se atreva a defender con tanta pasión lo ocurrido durante años en la parroquia de San Carlos Borromeo de Madrid. Todos los argumentos que emplea resultan superficiales y subjetivos. En la religión católica hay una unidad en leyes litúrgicas en cuanto a la forma y fondo, que tiene una importancia capital y universal. Si estos sacerdotes quieren vivir un pseudocatolicismo aguado -vaciando de contenido el valor de los sacramentos como el de la Eucaristía, por inventarse su doctrina avalada durante siglos por transmisión apostólica, desde San Pedro al actual Benedicto XVI- que funden otra religión en donde su arbitrariedad y parcialidad quede constancia, pero que no nos confundan a los que intentamos ser consecuentes con lo que dice el Magisterio de la Iglesia católica sobre este sacramento de la Eucaristía.
La labor social que realizan es envidiable pero para dar testimonio de fe esos sacerdotes, dentro de la Iglesia católica como intentan hacerlo, ese no me parece el camino correcto.