La Agencia Tributaria está citando a declarar a quienes han participado en operaciones dudosas, que son las que no ofrecen ni la menor duda. Llaman así a aquellas en las que han sido intervenidos más de 1.000 billetes de 500 euros. No sabíamos que había tantos. Las personas normales estamos obligados a ser muy buenos fisonomistas para reconocerlos. Eso de haber emitido un papelito de tanto valor es algo que nunca agradecerán suficientemente los que se dedican al sector inmobiliario, que es uno de los principales templos del dinero negro, aunque los que se caen de los andamios suelan ir de blanco.
En una caja de zapatos adquiridos por un jugador de baloncesto caben una pila de millones. Tampoco tendría demasiadas quejas La Cenicienta si le rellenaran de billetes de 500 euros la caja que albergó sus zapatitos de improbable cristal nocturno. Apretados y nuevos, antes de haberse hospedado en ningún bolsillo, los millones de euros son muy fácil de transportar. Lo difícil es tenerlos. Jamás podremos descifrar el apasionante problema aritmético que supone conocer cuántos entran en una bolsa de deportes.
Los bancos y las empresas de seguridad han suministrado las pistas para la investigación. Sólo los que gozan del salario mínimo están excluidos de toda sospecha, pero se han registrado más de 2.000 operaciones y por lo tanto hay mucha gente sospechosa, incluidos aquellas de las que se recela por no infundir ninguna.
Hay mucho chivato suelto, de esos que en las cárceles llaman membrillos, y están muy mal vistos. Sin duda interviene el factor envidia. A nadie le sorprendería que un concejal de urbanismo fuera delatado a la Agencia Tributaria por alguien que asegurase que le vio sacar un billete de quinientos euros. Para comprarse una mochila.