Nació en Gramanet y, salvo las últimas campañas (Figueres y Huesca antes de venir a Irun), allí ha jugado siempre. Vivió vestido de azul el maldito partido de junio de 2003, «en el que nos fastidiamos los dos».
Es uno de esos jugadores que daría para un simpático reportaje de seguimiento durante un partido. Sonríe cuando la jugada sale bien, y a veces cuando no sale, también. Gestícula mucho: «OK, ése es el camino», «desdobla y te la devuelvo», «toca atrás y abro», dice con los brazos, o con la boca, porque también es uno de esos jugadores que no para de hablar con sus compañeros.
Tiene limitaciones, pero también virtudes; lo mejor es que cada vez es más consciente de las primeras y de las segundas. Y ahora empieza a marcar, «más que nunca», confiesa. Y sonríe aún más. Es un tío simpático, de ésos con los que da gusto hablar. Y lo mismo como futbolista; debe ser muy grato jugar a su lado. Está cada vez mejor; él lo sabe y sus compañeros también.