PARÍS. DV. En una jornada soleada y primaveral, los franceses acudieron en masa a los colegios electorales y batieron récords de participación históricos en una primera vuelta de las presidenciales. A las cinco de la tarde ya se superaba, con un parcial del 73,87%, la participación total registrada en la primera vuelta de hace cinco años. Según las estimaciones se rebasaría con un 85% el hito de 1965 cuando se alcanzó el techo del 84,75%.
Antes incluso de la apertura de las votaciones, en algunas capitales como Burdeos o Estrasburgo ya había electores que esperaban a la puerta la oportunidad de elegir a los dos finalistas que el próximo 6 de mayo rivalizarán por la jefatura del Estado. En París enseguida se formaron largas colas, como no se recordaba desde hace tiempo, de madrugadores deseosos de disfrutar del agradable domingo una vez ejercitado el derecho al voto.
Entre los incidentes registrados, cabe reseñar que en Marsella una veintena de céntricos colegios abrieron con retraso porque las cerraduras habían sido selladas con engrudo y clavos por desconocidos a los que busca la Policía. En Córcega las autoridades protestaron por los dos atentados con explosivos cometidos la noche precedente en Bastia contra edificios públicos que causaron lesiones en el rostro a un viandante que tuvo que ser hospitalizado. La nota luctuosa fue la muerte por causas naturales de una votante de 93 años en Bretaña.
La demostración popular de civismo fue recompensada por algunos empresarios sensibles al comportamiento de sus conciudadanos. En muchos cines los billetes fueron rebajados a los espectadores con la tarjeta electoral ya sellada. En las afueras de Lille el centro regional de la marioneta regalaba la entrada a los adultos que presentaran el comprobante de haber votado.
El apoyo de Chirac
La cita con las urnas revistió carácter especial para Jacques Chirac quien, por primera vez 1981, no encontró papeletas a su nombre cuando acudió a votar con su mujer, Bernadette, a Sarran, municipio de Corrèze (centro de Francia) en el que el matrimonio posee un castillo. El presidente saliente, que había anunciado que votaría «naturalmente» por el candidato de su partido, Nicolas Sarkozy, no hizo ningún comentario.
Sarkozy posó para los fotógrafos junto a su esposa, Cecilia, y las dos hijas de ésta, Jeanne Marie y Judith, tras votar en Neuilly (periferia de París) en una deliberada respuesta a los insistentes rumores acerca de una nueva crisis conyugal. El candidato conservador tenía ya la cabeza en la segunda vuelta pues, cuando le preguntaron si le había parecido muy larga la campaña, observó que «a mi juicio quedan quince días».
La socialista Ségolène Royal votó en Melle, localidad de la región de Poitou-Charentes de la que es presidenta, y dijo esperar «serena y tranquilamente» el final de la jornada. El centrista François Bayrou entregó su papeleta en Pau tras asistir a misa junto a su esposa, Babette, mientras que el ultraderechista Jean Marie Le Pen acudió solo a un colegio de Saint Cloud (afueras de París).
El eurófobo Philippe de Villiers despotricó contra la máquina electrónica en la que le había tocado votar en Herbiers (Oeste) como millón y medio de electores a los que estaba destinado el estreno de ese dispositivo. Hubo muchas protestas por las largas esperas en Issy les Moulineaux, donde la votación se desarrolló por completo con urnas electrónicas