JERUSALÉN. DV. A la larga lista de altos dirigentes de la vida pública israelí puestos en entredicho por sus relaciones, cuanto menos peligrosas, con la indecencia y la corrupción -un presidente acusado de violación, un primer ministro investigado por cohecho en la privatización de un banco, un jefe de Policía destituido por oscuros tratos con la mafia - se sumó ayer el titular de la cartera de Finanzas.
Abraham Hirchson, miembro del partido Kadima e íntimo colaborador de Ehud Olmert, presentaba ayer, a punto de comenzar las celebraciones del 59º aniversario de la independencia, su renuncia al cargo durante tres meses en espera de que finalicen las averiguaciones policiales que le mantienen acorralado por supuesto fraude y malversación de fondos de varias organizaciones sin ánimo de lucro que dirigió antes de llegar al ministerio.
Tras un cuarto interrogatorio celebrado hace diez días, las investigaciones concluyeron que existen «evidencias» para sentar a Hirchson en el banquillo, para que sean los tribunales quienes deliberen sobre la procedencia y el destino de las millonarias transacciones que el político recibió en sus cuentas bancarias, y que no ha sabido explicar.
Las sospechas sobre las que trabajan la Unidad de Inteligencia policial y la de delitos económicos en colaboración con el fiscal general, Menachem Mazuz, apuntan a que, durante su etapa al frente de la Confederación de los Trabajadores -la Histadrut-, Hirchson utilizó hasta 5,6 millones de shekels, lo que significa alrededor de un millón de euros pertenecientes a la asociación Nili de la que era gerente, para financiar actividades del partido derechista Likud al que pertenecía, su propia campaña en las legislativas e, incluso, las abultadas deudas de su hijo.
Coartada
La coartada del político alegando que el dinero es una herencia de «la tía Ada», la rica hermana de su última esposa, y que jamás lo declaró por considerarlo «un procedimiento inocente», se ha diluido entre los documentos recopilados por los investigadores, que revelan también turbias retiradas de fondos de la organización La Marcha de los Vivos, a la que el ministro también estuvo vinculado, o su detención hace años en el aeropuerto de Varsovia con un maletín en el que portaba 220.000 euros de desconocido origen.
Según sus allegados, Hirschton «cree en su completa inocencia y en que la verdad saldrá a la luz», y quizás también Olmert lo cree así, ya que ayer decidió no buscar reemplazo a su colaborador, sino ocupar él mismo temporalmente la cartera de Finanzas durante estos tres meses de autosuspensión. No obstante, el diario Haaretz señalaba ayer que la mirada del jefe del Ejecutivo israelí está puesta en recuperar a uno de sus ex ministros, el antiguo responsable de Justicia, Haim Ramon, que en un mes terminará la sentencia de servicios a la comunidad a la que fue condenado por besar indecentemente a una soldado.
Con todo, otro asunto oscuro acaparaba ayer la atención mediática en Israel. Ni siquiera la apertura de interrogatorios contra otro ministro -el ultraderechista Avigdor Lieberman, por supuesta recepción de fondos en cuentas falsas de Chipre- sino la dimisión vía embajada de Israel en El Cairo del diputado árabeisraelí Azmi Bishara, líder del partido nacionalista palestino Balad, investigado como presunto informador de Hezbolá y por sus reuniones no autorizadas con representantes de Siria y Líbano. El ministro de Justicia ordenó el precinto de la oficina de la formación en el Parlamento.