Lunes, 23 de abril de 2007
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NICOLAS SARKOZY CANDIDATO CONSERVADOR
El amigo francés
El amigo francés
Sarkozy, bromeando.
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Entre los dirigentes de la clase política francesa, Nicolas Sarkozy es el que más vinculaciones guarda con España. Amigo de José María Aznar y de Ángel Acebes, con quienes estrechó lazos desde Interior, su esposa Cecilia, bisnieta del compositor Isaac Albéniz, está emparentada con el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Pero estos fuertes vínculos con el PP no han impedido al primer gobernante francés que asistió en Madrid a un homenaje oficial a las víctimas del terrorismo facilitar a Rodríguez Zapatero el proceso de paz. Este compromiso suprapartidista con un asunto de Estado acaba de ser delatado por el teléfono de un íntimo colaborador suyo descubierto a un emisario de ETA cuando fue detenido tres días después de que dejara el Ministerio del Interior.

Colocado ya en el paso de peatones que separa la acera de Interior del palacio del Elíseo en el Faubourg Saint Honoré, este «francés de sangre mezclada», como él mismo se define ante el electorado por sus raíces magiares y helenas, se encuentra a los 52 años a un paso de convertirse en el primer presidente galo hijo de inmigrante. Su padre, un potentado húngaro que a finales de los años cuarenta cruzó clandestinamente con familia y fortuna el Telón de Acero, abandonó luego a su esposa francesa y a sus tres hijos para montar una próspera agencia de publicidad, comprar una casa en Ibiza y casarse con otras mujeres.

Vendedor de flores

Nicolas, que ya se ha reconciliado con su progenitor, pagó su carrera de Derecho en Nanterre vendiendo helados y flores. Pero el ambicioso abogado de negocios, que de siempre se codea con la aristocracia, la jet-set y las élites mediático-financieras, prefirió emprender una meteórica carrera política a su bufete con grandes empresarios e industriales entre la selecta clientela.

El hijo rebelde de Chirac confesó recientemente que soñó con ser periodista antes de verse atrapado por «otros demonios y otras pasiones». «Nunca he apoyado a ningún dictador en el mundo. Ni siquiera de adolescente tenía la foto de Mao en mi habitación, jamás hice el ingenuo con la Unión Soviética de la gran época ni jamás fui comunista», añadió en la misma entrevista televisiva.

El inteligente y dinámico exponente de la derecha dura, que se define como político profesional, tuvo su particular travesía del desierto cuando en la carrera al Elíseo de 1995 apostó al caballo perdedor Edouard Balladur. El traidor fue sometido a cuarentena por los Chirac, sobre todo por la mujer del presidente y su hija Claude, de la que fue íntimo amigo, que le reprocharon haber divulgado rumores sobre su patrimonio. «Y pensar que me conoce en camisón», cuentan que se quejaba la primera dama por los pasillos de palacio.

Neoconservadurismo

Persuadido de que El Elíseo no se conquista por el centro, Nicolas Sarkozy ha afianzado en la campaña su posicionamiento estratégico en la derecha neoconservadora mediante reiteradas alusiones a la predeterminación genética de la pederastia, la criminalidad y la homosexualidad. «Cuando hablo de Francia se me acusa de ser nacionalista, cuando hablo de inmigración se me reprocha ser racista y cuando digo que cierta gente tiene dentro un sufrimiento y una fragilidad se me hace el proceso del eugenismo», se lamenta el heraldo de la ruptura serena con la era Chirac.

 
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