Se notaba la ausencia de María San Gil en el Parlamento Vasco. No sólo los suyos, tan acostumbrados a dejarse contagiar por su optimismo endógeno en las situaciones más difíciles que uno se pueda imaginar. Y que, ayer, con un voto menos en su grupo parlamentario en un hemiciclo donde están tan disputadas las mayorías de un gobierno minoritario, su hueco les parecía, si cabe, más grande.
El primer día de pleno parlamentario, sin la presencia de la presidenta de los populares vascos se notaba algo diferente. Las referencias de muchos parlamentarios a su persona, incluidos algunos de sus adversarios más 'contumaces', con el deseo de que se restablezca pronto, les llegaban en cascada a sus compañeros de grupo. Especialmente cariñosas, decía Leopoldo Barreda, estuvieron Aintzane Ezenarro y Kontxi Bilbao. Mientras, la dirigente popular donostiarra, ya desconectada de la rutina política, se dedicaba a ordenar en su despacho los ramos de flores que muchos políticos vascos le habían enviado, dejando para los suyos que digan qué les parece que Rajoy se haya reunido con Imaz.
En todo lo demás, la vida en el Parlamento Vasco sigue igual: A bronca limpia contra el PP, que es lo que se lleva y dará algún rédito electoral, seguramente, porque, de lo contrario, no se entiende que a Urquijo le acusen de ser nieto del franquismo o al PP de ser «vocero de ETA». Se podría pensar que se trata del ambiente preelectoral que obnubila no pocos cerebros. Pero no. La historia ya viene de lejos. Prácticamente desde que llegó Rodríguez Zapatero a la Moncloa. Porque, antes de esta circunstancia, en el Parlamento Vasco se daban múltiples coincidencias entre los constitucionalistas; es decir, entre socialistas y populares. Pero ahora tan sólo de ver las siglas juntas, en algunos artículos de prensa, les produce, a algunos, verdadera urticaria primaveral.
Lo que ya parece inevitable es la cuenta atrás de la precampaña electoral que ha empezado cuando todavía permanece la incertidumbre sobre la forma de siglas que adoptará el entorno político de ETA (todas las marcas S.A. de Batasuna imaginables). Porque ésa es la única duda que planea sobre este debate: la forma electoral que adoptará Batasuna.
Que el entorno de Otegi estará presente en las elecciones es una premonición que, además de haber sido anunciada con cierta prepotencia por sus portavoces, está siendo compartida por la mayoría de la opinión pública. La verdad es que suena bien, y eso es lo que quieren oír muchos ciudadanos demócratas (no es el caso del Gobierno Vasco que prefiere otra melodía) que el presidente Rodríguez Zapatero diga que sólo concurrirán quienes respeten las normas y se desvinculen del terrorismo.
Pero se da la circunstancia de que los de Batasuna piensan participar sin apearse del terrorismo. Y conocen los vericuetos para lograrlo. Estamos ya tan metidos en la precampaña que, en el último minuto del partido, aterriza el lehendakari Ibarretxe con su homenaje a las víctimas del terrorismo. No estarán todas. Maixabel Lasa se ha desvivido por organizar un acto que resulte digno. Pero ella sabe que las cosas, desde Ajuria Enea, no se han hecho bien, por falta de sensibilidad con este sector de ciudadanos castigados por ETA. Es un homenaje que llega tarde y mal, por incompleto. Puede que se llene el palacio Euskalduna de Bilbao. Pero el lehendakari, que suele decir que las víctimas tienen «cara y ojos» debería mirar con detalle el aforo. Y pasar lista de las ausentes. Las conoce a todas.