Miércoles, 18 de abril de 2007
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Sangre de niño en la arena
La grave cogida del novillero español Jairo Miguel, de 4 años, reaviva la polémica sobre la falta de limitaciones en las plazas mexicanas
Sangre de niño en la arena
Jairo Miguel hace un desplante en una plaza mexicana. [MARISA NÚÑEZ]
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Los niños toreros son una atracción cada vez más solicitada en América Latina. Pero la escalofriante cogida del novillero español Jairo Miguel, presentado como el torero más joven del mundo y herido de gravedad el domingo en la plaza de Aguascalientes (México), ha desatado una fuerte polémica entre simpatizantes y detractores de establecer limitaciones por edad en los ruedos.

Con apenas 14 años, el joven cacereño estuvo muy cerca de la muerte. Su segundo toro le corneó y el pitón le entró por el abdomen, dañó su hígado, rompió dos costillas, le perforó el pulmón izquierdo, rozó la aorta y pasó a un par de centímetros del corazón. Según el cirujano que lo operó durante casi cuatro horas, el jovencísimo diestro «salvó la vida de milagro».

Jairo quiso lucirse en la primera novillada de la Feria de San Marcos sin reparar en los riesgos. «Tenía mucha ilusión por este festejo. Por ello recibió al novillo de rodillas para intentar una larga afarolada con el capote y llegó el gravísimo percance», manifestó ayer su padre, el matador retirado Antonio Sánchez Cáceres, desde la clínica donde el chico quedó ingresado. De inmediato, surgió la controversia a causa de la edad del novillero. Juan Carlos López, gerente de la plaza azteca, asegura que en ese coso ya habían toreado niños más pequeños. En México no es raro ver aspirantes de 12 ó 13 años tomar la alternativa en sus plazas, aunque no todos los aficionados están de acuerdo con verlos tan pronto enfrentarse al peligro. Iñaki Negrete, de la Asociación Mexicana de Criadores de Toros de Lidea, reconoce que Rafita Mirabal, el más precoz de todos los que se han doctorado en la plaza, con apenas nueve años, «es demasiado pequeño».

El doctor Carlos Hernández Sánchez, uno de los médicos que atendieron a Jairo, admitía que es la más joven víctima de una cornada que ha tratado. Sin embargo, a su juicio no es demasiado pequeño para torear: «Son lesiones que suceden. Es un gran torero», se limitó a afirmar.

Jairo Miguel no es el primer adolescente español que hace las maletas para llevar a la práctica el sueño de convertirse en una figura del toreo. Hace algunos años, un chiquillo llamado Julián López alcanzó fama en los ruedos mexicanos por su valor y muy pronto figuró en los carteles de las mejores ferias como El Juli.

En este país podía burlar las limitaciones impuestas por la legislación española para vestirse de luces, muy estricta sobre la edad mínima.

Hace justo ahora un año la gran revelación mexicana, el sorprendente niño torero de 9 años, Rafita Mirabal, se alzó como triunfador al cortar dos orejas en San Miguel Allende (centro de México). Rafita logró ser paseado a hombros, tras una tarde de éxito. Sorprendió por la intuición que tiene de la técnica del toreo y su actitud torera e hizo las delicias de la gente. Acertó con la espada y le cortó las dos orejas al becerro.

 
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