Martes, 17 de abril de 2007
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Cultura
La RIEV celebra su centenario con la intención de cumplir cien años más
La Revista Internacional de Estudios Vascos se adapta a los nuevos tiempos
La RIEV celebra su centenario con la intención de cumplir cien años más
Josemari Vélez de Mendizabal, Aingeru Zabala, el diputado general, Ramón Labayen y Javier Retegui. [LUSA]
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DATOS
Título: Revista Internacional de Estudios Vascos.

Primer número: París, 1907.

Periodicidad: Semestral.

Edita: Desde 1922, Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos.

Directores: Julio de Urquijo, Julio Caro Baroja, Juan Garmendia Larrañaga, Gregorio Monreal y, en la actualidad, Aingeru Zabala.

Actos para hoy: Con entrada libre, mesa redonda, a las 19.00 h, en el Centro Kursaal, con la participación de los responsables de la Revista de Occidente (Madrid), la Societé des Sciences, Lettres et Arts (Bayona) y el grupo editorial Wiley-Blackwell (Oxford). Intervención de José Luis Lizundia, miembro de la dirección de Euskaltzaindia: Julio Urkixoren euskalgintza ispilu.

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SAN SEBASTIÁN. DV. La Revista Internacional de Estudios Vascos que fundó en París el intelectual y mecenas bilbaíno Julio de Urquijo, y es desde 1922 la publicación más emblemática de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos, cumple estos días cien años sin «grandes actos sociales a los que Eusko Ikaskuntza no está acostumbrada» y trabajando más el «contenido» que el «artificio». Así lo aseguró ayer el presidente de Eusko Ikaskuntza Javier Retegui en la presentación de los actos que se han organizado con motivo de la efemérides.

Retegui y el actual director de la publicación, el vizcaíno Aingeru Zabala, profesor de la Universidad de Deusto, hablaron del pasado y el futuro de la publicación acompañados por el diputado general de Gipuzkoa Joxe Joan Gonzalez de Txabarri. Junto a ellos, personalidades de la cultura guipuzcoana estrechamente relacionadas con la RIEV como Juan Garmendia Larrañaga -que además de haber colaborado estrechamente con Julio Caro Baroja le sucedió en la dirección-, Imanol Olaizola, Jesús Altuna o Ramón Labayen. No faltó un recuerdo para el recientemente fallecido Eli Galdos que, en palabras de Retegui, siendo diputado general «ayudó especialmente a Eusko Ikaskuntza en los tiempos más duros», por lo que fue el primer Socio de Honor que nombró la entidad.

Gonzalez de Txabarri recordó los fuertes vínculos existentes entre la entidad foral y la revista, así como las aportaciones que hace cien años se hicieron en Gipuzkoa al establecimiento de la bases de la cultura vasca, con el nacimiento de otras revistas como Euskal Esnalea o Euskal Herriaren alde.

Un siglo muy movido

La única de las revistas que surgieron en plena eclosión del interés por los temas vascos que ha sobrevivido al siglo XX y se dispone a sobrevivir también al XXI es, sin embargo, la Revista Internacional de Estudios Vascos, aunque no lo ha tenido fácil.

En un texto que recoge la historia de la RIEV, su penúltimo director Gregorio Monreal afirma, citando a Michelena, que con la creación de la RIEV Urquijo «pretendía integrar en el tratamiento de los estudios vascos dos tradiciones intelectuales, la local y la exterior», manteniendo siempre el máximo rigor científico. Esa apreciación podría corresponderse a la expresión «altísima divulgación» que emplea el actual director Aingeru Zabala al definir el carácter de la revista.

Urquijo, que no sólo tenía las inquietudes necesarias para embarcarse en la aventura sino que disponía también de los medios para hacerlo, cedió en 1922 la revista a una recién creada Eusko Ikaskuntza, interesada en un órgano a la altura de sus expectativas. Bajo la dirección de Urquijo, la revista comenzó a recopilar y difundir trabajos de los más destacados intelectuales vascos y europeos de la época, ya que el carácter internacional es para la RIEV mucho más que uno de los términos que conforman su cabecera.

Junto con la actividad de Eusko Ikaskuntza, la Guerra Civil truncó también la historia de la RIEV, que tras haber editado 27 números -en su primera etapa era trimestral, y no semestral como en la actualidad- vivió un silencio de 47 años que duró hasta 1983. En esta última etapa, bajo la dirección sucesiva de Julio Caro Baroja, Juan Garmendia Larrañaga, Gregorio Monreal y Aingeru Zabala, la RIEV ha cambiado de siglo y ha comenzado a enfrentarse a nuevos retos.

Un futuro complicado

A Aingeru Zabala no le gusta hablar de «proceso de reflexión», pero reconoce que una publicación de las características de la RIEV -generalista y no especializada, de muy alto nivel pero, al fín y al cabo, divulgativa- «si quiere vivir cien años más tiene qué pensar por qué caminos va a deambular». Esta tarde compartirá en el Kursaal esas inquietudes con representantes de entidades que se encuentran en situaciones similares pero, pese a las coincidencias que puedan existir, Zabala tiene muy claro que la RIEV tiene que seguir siendo «un espacio de encuentro científico», además de «un símbolo de nuestro país» y un «buen reflejo del nivel científico y humano» del mismo. Sin dejar de estar abierta a múltiples disciplinas y manteniendo su vocación internacional.

El cambio, en cualquier caso, será tranquilo y «se advertirá en los próximos cinco o seis números». De momento, se editarán en breve el último número de 2005 y los dos correspondientes a 2006 y, como novedad, se pondrán en marcha los Cuadernos de la RIEV, que tendrán carácter monográfico.

 
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