Tienes contradicciones contigo mismo y con tu mismidad? Es lo natural. Sólo que hay que estar preparado, cuanto te lo reprochan los otros o cuando te autocensuras en la intimidad, para responder. «No es que tenga contradicciones, es que me reinvento a mí misma cada día», sueltas en plan chulo como si fueras Madonna o Federico Jiménez Losantos, dos divos divinos de la provocación.
«Es la última vez que le llamo»; «nunca jamás volveré a ir», son bonitas ideas, aceptables en un momento dado, pero nunca barreras insalvables, qué demonios. El karaoke es una horterada. A José Mari que le den tila para siempre Yo no miro nunca las esquelas. A mí no me pillarán en Benidorm, socorro. ¿A quién le gusta, por favor, el cine catastrofista, el género «evasión de cárceles», las de barcos o el top de las mejores escenas que nos revolvieron las tripas? Todas ellas, las anteriores, sentencias tajantes y bien meditadas que, llegada la situación, hay que saltárselas a la torera. ¿Viva lo peor!
La diferencia entre tener un morro que te lo pisas y reinventarse a uno mismo cada día es el estilo, aunque hace falta valor para ir hablando por el Boulevard con un manos libres. O que tú seas un activista de izquierdas y que la Policía -como ha ocurrido en Filipinas- intente acallar y humillar a los manifestantes poniendo a todo volumen la canción La bamba, pretendiendo ahogar las protestas a base de «para bailar la bamba se necesita un poco de gracia. Y arriba y arriba, por ti seré ».
Definitivamente, me voy a sentar en el cine del Antiguo en las butacas que hay especiales para parejas. Y que me toquen la bamba.