QUITO. DV. Los ecuatorianos votaron ayer la propuesta gubernamental de convocar una Asamblea Constituyente que transforme el sistema político del país. Las encuestas adelantaban un triunfo holgado del proyecto de Rafael Correa. Así, el ministro de Gobierno, Gustavo Larrea, se mostraba confiado en que «el sí ganará abrumadoramente», y aseguró que los sondeos situaban a los votos favorables «por encima del 70%, e incluso del 80%».
Según el último estudio de Cedatos-Gallup, el 66% de los votantes respaldaría la Constituyente, frente a un 15% que la rechaza; a éstos hay que sumar el 13% que habría votado en blanco y otro 6% que anulaba su papeleta. Más de nueve millones de ecuatorianos estaban convocados a las urnas y, aunque el sufragio en Ecuador es obligatorio, se maneja un 30% de absentismo.
El presidente, que votó en el norte de la capital, había pedido a sus correligionarios que vigilasen durante la jornada, ante la posibilidad de que la oposición -que, según dijo, controla los tribunales electorales provinciales- pudiera intentar torcer la voluntad popular. Curiosa denuncia, después de que Correa haya acaparado las instituciones y de que el Tribunal Supremo Electoral denunciara que el Gobierno superó en más de 4.000 dólares (2.950 euros) el presupuesto permitido para la campaña a favor del sí, establecido en 279.000 dólares (algo más de 200.000 euros).
Estatuto «flexible»
Según Correa, si se aprueba la convocatoria de Asamblea Constituyente, ésta será la definitiva para sacar adelante al país. Para evitar los riesgos del texto que actualmente se discute en Bolivia, donde aún no se ha aprobado ni un solo artículo, Correa no seguirá los pasos de Evo Morales, «que cometió un gran error al tratar de dialogar con esa gente que no quiere cambiar nada, al establecer que su Constituyente debía contar con dos tercios de los votos para aprobar sus decisiones». Así, el estatuto de la Asamblea, según Correa es, «mucho más flexible, y se aprobarán las decisiones con la mitad más uno de los votos». Por otra parte, el presidente reconoció que su padre estuvo preso durante tres años en Estados Unidos por tráfico de drogas. «No tengo nada que ocultar al pueblo ecuatoriano. Tuve una niñez muy dura», señaló el mandatario.