Lunes, 16 de abril de 2007
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La independencia de Escocia gana terreno
Los nacionalistas del SNP, clase media emergente, han logrado que el nivel de poder escocés sea el tema a debate en la agenda política
La independencia de Escocia gana terreno
Un nacionalista del SNP ondea la bandera escocesa sobre los tejados de la ciudad de Edimburgo. [AP]
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PETERHEAD. DV. Se observa desde el exterior la caseta que pasa por sede del Partido Conservador en la circunscripción electoral escocesa de Banff y Buchan y uno cree que es una fuerza social que quizás tuvo relevancia en el pasado. Se habla con quienes están en su interior y uno concluye que los conservadores escoceses no tienen futuro.

La caseta está junto a la comisaría de Policía en la acera de una glorieta de tráfico, en Mintlaw, un pueblo agradable y gentil, con una factoría de procesamiento de pesca en una comarca fundamentalmente agrícola. La sede es un modesto cubículo de una planta, con las banderas británica y escocesa en sus mástiles.

Allí, cuatro miembros del partido se afanan en tareas electorales y el candidato, Geordie Burnett Stuart, en encantar a los visitantes con un entretenido relato biográfico y político. Fue laborista, socialdemócrata, liberal. Y ahora... «Ahora soy unionista -dice-, porque la unión está en peligro y yo creo que es una idea moderna y progresista».

La movilidad ideológica de Stuart quizás sea un problema para los electores, pero Stuart reconoce, nada más comenzar la conversación, que el problema más evidente que tiene como candidato, el que salta a la vista, o más bien al oído en cuanto comienza a exponer sus ideas, es que él 'habla en inglés'. No quiere decir que el resto de la población hable en otro idioma -en esta parte del nordeste de Inglaterra, el gaélico es muy minoritario y lo más autóctono es un dialecto, el 'doric'-, sino que habla con la fonética de un inglés en una tierra donde la gente habla el mismo idioma pero de manera diferente, con consonantes fuertes.

Aquí, sin embargo, en esta circunscripción electoral, los conservadores enviaban regularmente su diputado a Westminster. Hasta que, en los años setenta, todo comenzó a cambiar. Desde 1987, cuando el actual líder del Partido Nacional Escocés (SNP), Alex Salmond, se presentó como candidato y ganó el escaño, su partido aumenta sus mayorías en cada elección, sea al Parlamento de Westminster o al de Edimburgo, creado en 1997. Más de la mitad de la población suele votar ahora al candidato independentista.

Y en la caseta de Mintlaw se explica lo ocurrido como una suma de circunstancias. El Partido Conservador se había acomodado, era paternalista; la política pesquera común de la entonces Comunidad Económica Europea creó malestar en la comarca; los nacionalistas han tenido éxito en establecer la cuestión de la unión o la independencia, del poder escocés, como el asunto a debatir.

Por ejemplo, a Geordie Stuart, el balance de la descentralización autonómica de Tony Blair le parece «un desastre, aunque hayamos dejado de decirlo», pero, ya resignado a operar en la nueva estructura autonómica, quisiera, si tiene éxito en las elecciones, reformar la autonomía en un sentido favorable al Gobierno escocés. Según él, el ministro de Pesca en Edimburgo tendría que presidir la delegación británica en las negociaciones europeas.

Riqueza, austeridad

Stuart no tendrá éxito en las elecciones. Al menos, no logrará el escaño en disputa. Hasta el mismo David Cameron ha perdido la esperanza de revitalizar al envejecido y diezmado partido escocés ahora que se rejuvenece y se acerca al Gobierno en Inglaterra. Stuart no dará una agradable sorpresa a Cameron. Banff y Buchan votará como diputado autonómico a un candidato partidario de la independencia.

La comarca es una curiosa mezcla de riqueza y austeridad. Es un lugar bello y frío, con casas oscuras de granito y tejados de pizarra. No hay allí los barrios desoladores que ha dejado la desindustrialización en la Escocia central, en la franja urbanizada en torno a Glasgow y Edimburgo.

Además de la riqueza agropecuaria, la circunscripción tiene pueblos pesqueros -Peterhead, Fraserburgh, Macduff- que son las capitales del pez blanco en Reino Unido y de una industria de procesamiento emprendedora y hoy pujante. Las noches de St Fergus son extraordinarias. Una constelación de bombillas ilumina la oscuridad desde la terminal de gaseoductos procedentes de los pozos del Mar del Norte. Envía el 15% del consumo de gas en la economía británica.

Energía, aspiración

El nordeste de Escocia es la región más próxima al petróleo del Mar del Norte, que ha bombeado la economía británica desde los años setenta, al mismo tiempo que el ingreso en la CEE obligó al sector pesquero a renunciar a la soberanía sobre sus aguas, a negociar con otros un sistema de cuotas, a reestructurarse y complicarse sin aparente beneficio.

El petróleo y la pesca fueron importantes en el deslizamiento hacia el nacionalismo en esta comarca, pero el asunto no queda sólamente en eso, según Stewart Stevenson, el parlamentario autonómico por la circunscripción, que saldrá con casi seguridad reelegido en los comicios del próximo 3 de mayo.

El SNP presenta a una variedad de personas con capacidad profesional para gobernar. Stevenson fue responsable de tecnología del Banco de Escocia. Su viejo amigo, diputado por esta circunscripción en Westminster y líder del partido, Alex Salmond, fue economista del petróleo del Royal Bank of Scotland. Los nacionalistas son, con su ideología de centro izquierda, una casta política que reemplaza a los conservadores como alternativa al dominante laborismo, que, según Stevenson, ha mostrado en la administración municipal un alto grado de incompetencia y ha fomentado una cultura de la dependencia y del subsidio. «Queremos despertar la energía de nuestra sociedad», dice.

Quieren, además, con un nacionalismo que rechaza explícitamente definirse como identitario, separarse del Tesoro británico, controlar como Gobierno independiente los recursos del petróleo del Mar del Norte y, aunque no son euroescépticos, sino europeístas, abandonar la política pesquera común, renacionalizar las aguas territoriales y fomentar acuerdos bilaterales que eviten que abogados austríacos o políticos malteses decidan sobre lo que hay que hacer con sus pesquerías.

Si en Banff y Buchan, el SNP ha reemplazado a los conservadores como el partido de la aspiración, su reto es ahora penetrar en bastiones laboristas. Aquí se dio un primer paso. Y los sondeos dicen que darán el siguiente en mayo.

 
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