La alta velocidad en España cumple sus primeros quince años ofreciendo un balance más positivo por sus prestaciones que porque las mismas hayan estado acompañadas de unas planificación y ejecución adecuada. La inauguración de la línea Madrid-Sevilla estuvo estrechamente vinculada a otra iniciativa de fuerte impacto social y económico, la Expo de la capital andaluza. Hoy, tanto aquel trazado como el que recorre el sector noreste, con conexión hasta Lleida a partir de 2003 y un ramal a Tarragona desde el pasado diciembre, han extendido la alta velocidad a diez ciudades. Dos de ellas, Puertollano y Calatayud, no son capitales de provincia, lo que pone de manifiesto la importancia de potenciar las combinaciones entre los núcleos de población más pujantes, pero también la necesidad de favorecer las comunicaciones en localidades más pequeñas y entre las propias comunidades autonómas. La exigencia de potentes inversiones, con prolongados períodos de amortización, no debe disuadir de la responsabilidad de ampliar la red, máxime cuando los beneficios de explotación -más de 50 millones de euros en la primera década de funcionamiento- y los usuarios -alrededor de 60 millones- amparan ese objetivo.
No obstante, no cabe depositar exclusivamente en los trenes de alta velocidad todas la expectativas de progreso del ferrocarril. La apuesta del Gobierno por el perfeccionamiento de la red férrea se ha transformado en una prioridad en el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transportes (PEIT), que destina a la misma el 48% de los 250.000 millones de euros presupuestados hasta 2020. Pero más relevante que la impactante envergadura de las cifras es que el reto de mejorar la cohesión territorial y social se materialice en un sistema ferroviario de alto rendimiento, que constituya la columna vertebral en los principales corredores de viajeros y mercancías. La promesa del Ejecutivo de que España será en 2010 el país del mundo con más vías de AVE construidas, con lo que el 90% de la ciudadanía dispondrá de una estación a menos de 50 kilómetros, compromete a las instituciones no sólo en el logro de esa ambiciosa pretensión, sino un servicio de calidad y asequible.
En el País Vasco comienza verse el atisbo de la Alta Velocidad con las primeras adjudicaciones de obras de tramos de la Y ferroviaria, que se convertirá en X si Navarra enlaza en la zona de Aralar y con la decisión francesa para unir Burdeos con Hendaya por el corredor de Las Landas.