Editorial 4/4/2007
Los testimonios policiales aportados hasta la fecha al juicio sobre el 11-M refuerzan la penosa sensación, ya vivida en la comisión de investigación parlamentaria, de que el aparato de seguridad del Estado siempre fue un paso por detrás del activismo yihadista en España, y que si no le tomó la delantera fue por escasez de efectivos para culminar sus seguimientos, por fallos propios, burocráticos o negligentes, y, en último término, por la insuficiente valoración de los gobernantes de entonces de la amenaza que representaba.