Domingo, 15 de abril de 2007
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Derechos de las víctimas
Las organizaciones de apoyo a las víctimas, bien sean de terrorismo o de conflictos armados, han sido tradicionalmente consideradas como organizaciones de carácter humanitario. El objetivo fundamental de toda organización humanitaria, ya sea de carácter internacional o nacional, consiste en la atención a las víctimas, en paliar su sufrimiento y en hacer efectivo su derecho a obtener reparación, tal y como fue reconocido por la ONU en 1985, en la Declaración sobre los principios fundamentales de justicia para las victimas de delitos y abusos de poder.

Este objetivo original ha de basarse, a su vez, en un principio imprescindible de independencia. Es decir, las organizaciones de este tipo deben guiarse por el principio de la neutralidad política e ideológica, a la vez que han de ser muy conscientes de dónde se sitúan sus fronteras morales. Porque, si pierden de vista este horizonte, si traicionan su independencia, pueden poner en riesgo su propio objetivo fundacional de paliar el sufrimiento de las víctimas y de obtener reparación.

Las organizaciones de apoyo a las víctimas deberían adquirir, también, un compromiso con la denominada memoria histórica, ya que la memoria y el recuerdo se convierten en un ingrediente esencial de la reparación a la que tienen derecho las víctimas. Especialmente, con ese tipo de memoria que Paul Ricoeur denomina la «memoria obligada». Es decir, el deber humano de recordar los horrores y las injusticias, y de recordárselas a los otros, a los que no tienen memoria de las mismas.

En este caso, la memoria actúa contra el olvido, pero no contra el olvido en general, muchas veces necesario para saber qué es lo que tenemos que recordar y cuáles son los objetivos de dicha discriminación del recuerdo, sino contra el olvido de las injusticias. Como decía Aristóteles, en la Ética a Nicómano, el deber de memoria es el deber de hacer justicia, mediante el recuerdo, al que ha sido objeto de injusticia.

Sin embargo, en los últimos años asistimos en España a una cierta perversión de los que deberían ser objetivos fundacionales de algunas organizaciones de víctimas del terrorismo, en tanto que organizaciones de carácter humanitario.

En primer lugar, porque abierta y descaradamente traicionan el principio básico de la neutralidad política, que, como he dicho, debería constituir la seña de identidad de toda organización humanitaria. Su falta de independencia y de neutralidad las convierte con frecuencia en subcontratistas de algunos partidos políticos que, a su vez, utilizan a esas organizaciones en su esfuerzo electoral por alcanzar el poder.

De esta manera, algunas organizaciones de víctimas del terrorismo caen en el error de creerse legitimadas para intervenir en la acción política o en la crítica y el diseño de la política antiterrorista de un Gobierno y para convencer a los ciudadanos de que tomen partido en una o en otra dirección.

En segundo lugar, porque en vez de salvaguardar el deber ético de recordar las injusticias sufridas por las víctimas, se encaminan más a la manipulación del recuerdo en beneficio de la construcción de pretendidas verdades excluyentes para satisfacer sus propias finalidades políticas o las de los partidos políticos que utilizan y manipulan a esas organizaciones. Pero quizá no sean del todo conscientes de que esta manipulación de la memoria actúa contra la sociedad en su conjunto, porque impide reconocernos auténticamente en lo que fuimos y en los que hacemos, a la vez que puede generar enfrentamiento y resentimiento.

Por ello, recordar las injusticias no sólo es necesario para compensar el sufrimiento de las víctimas, sino para evitar la hegemonía de supuestas verdades excluyentes y, como decía Hannah Arendt, la perpetuación de las tendencias totalitarias que las produjeron.

El recuerdo de las injusticias y la reparación de las víctimas, de todas las víctimas, constituyen además el punto de partida para una auténtica reconciliación. Éste es, a mi juicio, el horizonte moral en el que han de moverse las organizaciones de víctimas del terrorismo, y no el del posicionamiento político, cualquiera que fuese éste.

 
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