El pasado día 9 mi madre falleció con 72 años de edad, víctima de un infarto cerebral, tras 15 días de sufrimiento y angustia. Hasta ese momento y por desgracia ha sido mala suerte, por la zona del cerebro donde se produjo. En el Hospital, y pasando tantas horas entre parte y parte del médico, tuve mucho tiempo para pensar, y reflexionando y analizando, me encontré con que el ser humano es capaz de construir una sonda para llegar a Marte, de crear un armamento inteligente, de nuevas energías y de tantos logros tan impensables y tecnológicamente tan avanzados, que me resulta increíble que lo que le ocurrió a mi madre no se pueda operar, no se pueda recomponer, no se pueda hacer nada; porque tuvo la mala suerte de pasarle ese infarto en el cerebro, y eso, en pleno siglo XXI, sigue siendo una zona desconocida. Puede que mi visión sea corta, puede que el razonamiento sea muy simple, pero me resulta tan alucinante que a día de hoy se sepa tan poco de ese gran desconocido que quizás habrá que esperar a que ocurra algo así a un gran personaje para que se cree una fundación, y por lo menos se le dé el empuje necesario en investigación para que, por lo menos, a otras personas no le den el mismo razonamiento que a mí: «Es el cerebro y ahí no podemos intervenir, tu madre ha tenido mala suerte».