Habrá que buscarse otra fórmula para llamar a esos michelines que unos lucen ufanos y otros acomplejados, el eco glotón del carpe diem, porque el muñeco de Michelin, uno de los símbolos más famosos de la historia de la mercadotecnica -el Financial Times lo llegó a calificar como «el icono publicitario del siglo pasado»-, se ha sometido a una liposucción en Gran Bretaña. Vale, es evidente que no ha tenido que pasar por quirófano, pero sí ha perdido kilos «para adecuarse a los nuevos cánones establecidos en la lucha contra la obesidad».
La operación de cambio de imagen que su aparición en un anuncio televisivo «requiere», en opinión de los gurús del merchandising, consiste en convertir los anillos adiposos de Bibendum, Bib, en músculos explosivos y en estrechar su cintura, algo que ya se hizo en 1998, cuando el muñeco cumplió cien años. Para que vean que no es sólo el índice de masa coporal de las modelos el que se tiene que regular. La fiebre alcanza incluso a los personajes de ficción encargados de transmitir la imagen de las marcas.
Según Thierry Rudloff, responsable de márketing de la empresa, «le hemos estilizado la figura para que muestre cómo evoluciona la gente y es una forma de acompañar estos cambios. Demuestra la evolución de la sociedad, pero también la de la marca y del mundo en que vivimos».
Bibendum fue el personaje creado en 1898 por el dibujante O'Galop por encargo de los hermanos Edouard y André Michelin, propietarios de la marca de neumáticos, con el fin de promocionarla en la Exposición Universal de aquel año. Su nombre proviene del comienzo de una famosa oda del poeta latino Horacio (Nunc est bibendum, (Hora es de beber o Ahora debemos beber), que exhortaba a celebrar, con el estómago lleno, la victoria romana en la batalla de Actium.
La primera figura de Bibendum, la que ha pasado a la historia, tenía la apariencia de un ser pantagruélico que devoraba clavos y cristales rotos con fruición. Quería transmitirse la idea de un personaje irreverente, pendenciero y galante que, con el tiempo, se ha quedado en bonachón y afable. Tampoco es que durara mucho. En 1923, la mascota de Michelin lanzó al mercado unos neumáticos de baja presión, con menor diámetro, y eso ya obligó a Bibendum a reducir su talla. Esa sí que era una cuestión de peso.