Jueves, 12 de abril de 2007
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Identidad dinámica
Jose María Ruiz Soroa -en un artículo aparecido en este periódico el pasado día 9- se posicionaba en contra de la discriminación positiva del euskera y cuestionaba si la lengua determina una concreta identidad de personas. Sin perjuicio de que luego podamos matizar u orientar este punto, debo decirle que, según el pensamiento español de los últimos cinco siglos, efectivamente la lengua determina una identidad de personas.

Sigue el señor Ruiz Soroa sosteniendo lo siguiente: «Se afirma por doquier que el euskera forma parte de la identidad vasca, lo que se colige que todo ciudadano vasco debe poseerlo».

A mi modo de entender, es verdad que la lengua constituye un factor importante de nuestra identidad, aunque sea exagerado afirmar que a cada lengua corresponde una identidad. No obstante, diré que tiene un peso específico muy grande a la hora de conformar la identidad de una persona, sea esa persona de habla inglesa, alemana o francesa.

Más adelante, habla de un proceso artificial y cambio coactivo de la identidad de personas. No se trata de cambiar la identidad de nadie, porque eso, aunque se quiera, no es posible. Mi identidad, por ejemplo, está formada por el euskera, el castellano, por la repercusión que tiene el haber nacido en un caserío, haber pasado por el seminario, haber pertenecido a un determinado partido, haber realizado unos estudios concretos, haber sido un seguidor acérrimo del bertsolarismo, tener debilidad por los temas de filosofía y religión, gustarme la literatura clásica o ser consumidor tanto de la cultura euskaldun como de la erdaldun, etc. Por tanto, la lengua es un componente más de nuestra identidad; eso sí, de mucho calado. Por otro lado, mi identidad es dinámica, es decir, seguirá conformándose. En este apartado, por último, diré que yo no veo ningún «identicidio», por utilizar el mismo término que utiliza el señor Ruiz Soroa.

En otro momento del discurso recurre a una comparación y dice: «Que las mujeres han sido maltratadas en el pasado, luego están justificadas ahora medidas extraordinarias en su favor». Y sigue: «Cuando hablamos de discriminación positiva de mujeres, de campesinos, de proletarios o de inmigrantes, hablamos de personas. En cambio, cuando hablamos de la discriminación del euskera o del catalán, hablamos de cosas, no de personas. Y es ese 'pequeño' truco de sustituir personas por objetos (...) es toda la trampa del argumento».

Si fuera verdad lo que apunta, existiría una trampa, pero no es así. Sino que aquí hay unas personas que tienen derecho a ser atendidas en euskera y en consecuencia la Administración tiene que garantizar ese derecho. Luego no le extrañe a nadie que para cubrir plazas en la función pública, se exija el perfil lingüístico asignado a cada puesto de trabajo.

No sé si se da cuenta el señor Ruiz Soroa de lo que uno puede sentir cuando a menos de 50 kilómetros del caserío que ha nacido no te quieren o no te pueden atender en euskera, por ejemplo, en una consulta médica.

Cuánto lo siento, señor Ruiz Soroa, que su familia no le hubiera podido transmitir el euskera. En ese sentido, lo reconozco, hemos sido afortunados. Asímismo hemos tenido mucha suerte de que nuestros padres, aunque ellos supieran a duras penas expresarse en castellano, nos recomendaran el aprendizaje del castellano e hiciera lo poco que estaba a su alcance. Les estoy muy agradecido.

Invoca usted la libertad para no aprender el euskera y, aunque no comparto ni entiendo ese argumento, yo le respeto y obviamente no voy a invitarle a que se matricule en un euskaltegi.Sin embargo, quiero ponerle al corriente de lo que, según nuestro amigo Joxerra Garzia, implica el conocimiento de una nueva lengua (sea inglés, alemán o euskera): el descubrimiento de un mundo nuevo, una nueva perspectiva para percibir el mundo ya conocido, y que seamos más universales.

 
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