Jueves, 12 de abril de 2007
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Dietrich-Hemingway, amor postal
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raúl wethman

En 1934 dos mitos del siglo XX se conocieron a bordo del crucero Ile de France y parece que se enamoraron desesperadamente. Se trataba del novelista aventurero Ernest Hemingway y la suntuosa actriz alemana Marlene Dietrich. Ahora, la Biblioteca de Boston John F. Kennedy, dueña de uno de los mejores archivos de documentos sobre Hemingway en el mundo, ha hecho públicas por primera vez treinta cartas del escritor a su amada alemana.

«Te beso fuerte», le dice él y se extiende en descripciones picantes como: «Estaba demasiado caluroso para hacer el amor, salvo debajo del agua, y yo nunca fui muy bueno para eso». Sin embargo la hija de Dietrich, María Riva, insiste en que se trataba simplemente de un flirteo: «Se adoraban, pero no había nada sexual. Eran amigachos, amigos. Eran hermanos de guerra». Es la misma María Riva quien donó las cartas a la Biblioteca Kennedy en 2003. Ahora se abren, dado que los documentos se sometieron a un riguroso tratamiento de archivo. Riva donó todo el resto de las posesiones de su madre al Museo de Cine de Berlín, pero consideró que Hemingway era un tesoro de los Estados Unidos y por lo tanto esos documentos debían permanecer en ese país. En la presentación, el director de la Biblioteca, Tom Putnam, dijo: «Las cartas forman parte de la historia de los dos y serán de gran utilidad para biógrafos, pero también son artefactos de la creación de Hemingway y Dietrich». Hemingway tenía 50 años y Dietrich 47 cuando comenzaron a escribirse. El novelista le confesó a su amigo, el escritor A.E. Hotchner, que se enamoró de la actriz a primera vista pero que «nunca nos acostamos. Increíble pero cierto. Somos las víctimas de una pasión fuera de sincronía».

El afecto era mutuo. Una carta escrita por Dietrich en 1951 dice: «Querido Papa. Creo que ya es hora que te diga que pienso en ti constantemente. Leo y releo tus cartas incesantemente y hablo de tí con ciertos hombres. He movido tu retrato a mi cuarto y lo miro con cierta debilidad». Por su lado Hemingway regalaba piropos como: «Te estás poniendo tan bella que tendrán que hacer fotos para tu pasaporte de tres metros de alto».

 
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